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 Misión rango C.

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Jounin
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Estatus Misión rango C. Ssqj6INMisión rango C. X5krHxB
Especialidad Fuinjutsu
Naturalezas Misión rango C. 4JuLgvIMisión rango C. MOQYpUEMisión rango C. EH0PJ3K
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Ryous : 8700R
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Misión rango C. Empty
MensajeTema: Misión rango C.   Misión rango C. EmptyLun Mar 02, 2015 2:13 am

Los ojos amarillos de un búho resplandecían en la oscuridad, haciéndose notar en un inicio como dos esferas amarillas cuyos orbes seguían cada uno de los pasos que dabas. Los árboles aparecían como distorsionadas siluetas que se extendían hasta llegar a la lejana línea donde la tierra se encorvaba y, por ende, la visión era capaz de reconocer. El silbar que el viento producía era un sonido que carecía de novedad para los oídos de Naoto, cuya experiencia dormitando a luz del astro blanco que toma protagonismo en las noches lejos está de poder resumirse adecuadamente. Cada uno de los pasos que da está marcado por la parsimonia que le causaba el completo desanimo que la misión encargada le causaba. Ella era, después de todo, una ninja con talento único en el arte del combate con espada y la hoja de la misma se había bañado del frío rojo de sus oponentes las suficientes veces para mermar la repulsión que en su juventud había tenido hacia aquel líquido vital. El largo aullido de un lobo rompe el hermoso silencio que había dominado la puesta en escena, y al mismo corresponden otros dos más de su especia cuyas sonidos alertan a la pelinegra de las posiciones de los mismos; Un triángulo en torno a ella, sin contar la posibilidad de que haya grandes porciones de la manada de los mismos merodeando el área... Quizá debería prestar más atención, se dijo a sí misma, reconociendo el hecho de que el horario en el que se había levantado y las características del trabajo al que se veía obligada a realizar había tenido como consecuencia no prestar atención a los detalles del ambiente. Una rama crujió al partirse, las hojas sonaron al moverse y Sento, la espada de Naoto refulgía con el brillo de la luna. Hubo un movimiento rápido, luego dos, tres y pronto mantener un conteo de los mismos se hizo imposible. Un primer lobo saltó hacia la pelinegra buscando hundir sus fauces en su delgada garganta, mas un rápido giro conllevó a un fuerte golpe en el hocico del mismo que consecuentemente desestabilizó al animal. Un segundo lobo saltó segundos después y un tercero hizo lo mismo milésimas más tarde; La vaina de su espada se interpuso entre el mencionado segundo lobo y el cuerpo de Naoto, mientras que con la ayuda de la inercia sacó el sable de la funda y dejó que el filo de su arma hiciera lo suyo, tras esto completó la vuelta e hizo lo propio con el lobo restante. Más lobos le saltaron a la pelinegra, quien con agilidad y destreza lograba interponer entre ella y los animales la hoja de su arma, y el resto de la historia se cuenta solo. Para cuando acabó con la dichosa manada, el sol recuperaba el protagonismo que le pertenecía y las estrellas eran reemplazadas por las nubes que ahora, con ayuda del astro rey, se hacían notar. Los cuerpos de la jauría yacían tirados en el mismo lugar cuyas vidas habían llegado a su fin, con sus miembros dispersos en el suelo y sus cuerpos desmembrados hasta el hartazgo. El olor a sangre se hacía notar espantando del lugar a los animales que otrora hubieran sido presas de los que Naoto había asesinado. El sol comenzó a salir poco a poco, y las largas praderas consumidas por la oscuridad de la noche se bañaron de la calidez que la luz del sol les brindaba, iluminando de esa forma el camino que la pelinegra debía de seguir; Sus ojos poco a poco se abrieron, acostumbrándose lentamente a la luz solar. Bostezó culpa de su cansancio y su consciencia empezó a volver, dejando atrás la añorada tierra de Morfeo y cuando finalmente lo hizo, pudo apreciar cómo la magnificencia del astro rey se alzaba imponente en el epicentro del cielo… Sólo ver aquella magnífica escena le producía orgullo, y lo único que podía pensar era en cuanto ella debía de alabar al sol, no importaba por cuántas horas, minutos y segundos se quedara haciéndolo, pero el astro rey era su mentor y por tal motivo se le debía respeto. Sin embargo la cruda realidad era otra, y ella tenía un deber que hacer, y romper la cuarta barrera no era tal deber. – Odio este trabajo. – Dijo la pelinegra entre dientes, mientras se dejaba caer de la rama del árbol y proseguía el camino que dejó inconcluso la pasada noche. Dio un efímero vistazo atrás y una sonrisa se le dibujó en el rostro al ver lo que había hecho… Definitivamente debía dejar el vodka, pensó para sus adentros mientras colocaba una de sus manos en su campera de cuero y de la misma extraía una pequeña botella con más de la bebida blanca, dio un sorbo y ahora sí prosiguió su camino. Tras un largo caminar, las precarias murallas de aquel pueblo cuya principal característica podría definirse como “pulcritud” le dieron la bienvenida a la pelinegra desde unos dos kilómetros de distancia, véase la altura de las mismas. Podía escucharse los constantes gritos, el choque del acero contra el acero, los llamados de auxilio… Algo estaba pasando, y era algo grave. ¿Pero qué? Se preguntó nuevamente en su cabeza Naoto. Llevó sus brazos hasta el bolsillo trasero de su jean y leyó nuevamente los detalles de la misión, esta vez con más atención. Y resultó que ahí estaba, en la letra pequeña, el detalle más importante y que desgraciadamente ella pasó por alto. Una banda rebelde, lo que originalmente ella había concebido como una “bandada rebelde”, pero Hitchcock no tenía nada que ver esta vez y no eran unos cuantos pájaros la amenaza en esta ocasión. Sacó de su mango a Sento, su espada de la cual gracias al filo de la misma se forjó un nombre y pudo sentir el deseo de ver el acero cortar carne nuevamente, sin embargo el deseo ahora se veía exclusivo únicamente de carne humana, mas se contuvo un rato y pensó en el todopoderoso Jashin, y en el juramento que había hecho con el mismo… Debía contener su impulso guerrero, mas eso no implicaba que no iba a defenderse. Sus pasos velozmente se convirtieron en largas zancadas y las largas zancadas recientemente mencionadas no tardaron en convertirse saltos de rama de árbol a rama de árbol. Tardó varios minutos para llegar al susodicho pueblo que tantos problemas le causaba a la pelinegra, pero cuando lo hizo los combatientes vieron cómo una figura oscura tapaba al sol y cómo la misma descendía sobre ellos con un objeto punzocortante en mano; Sólo fue un segundo, y como un relámpago el metal atravesó músculos, huesos y órganos, despojando del don de la vida al desafortunado que yacía al otro extremo de Sento. – Muy bien. – Dijo la pelinegra. - ¿Dónde están los rebeldes? – Hizo un veloz movimiento con la hoja de su arma para que de la misma se desprendiera la sangre del difunto que tenía a sus pies. – Allí están. – Señaló una señora, una mujer robusta de cierta edad que entre sus manos sostenía una cacerola como defensa. - ¿Dónde? – Vuelve a preguntar Naoto, sin poder ver a ninguna persona que realmente representara una amenaza. – Ya nos encargamos del asunto, idiota. – Dice un tipo que acaba de salir de su casa, con su cabeza calva como símbolo primordial para identificarlo. – Nos atacaron y tú no llegabas, así que dijimos “que se joda el Mizukage” y decidimos tomar el toro por los cuernos, así que están atados, casi inconscientes, de la paliza que le dimos… Nos dijeron que llegarías hace dos días y no lo hiciste, desgraciada. – Naoto se sorprendió, pero a pesar de todo replicó: - ¿Y entonces a quién maté? – Y el calvo dijo: - A Jorge. – Naoto, incrédula, preguntó: - Oh… ¿Jorge tenía algún amigo? – Y el calvo respondió: - No, estaba más solo que Hitler en el día del amigo. – A lo que Naoto respondió: - No rompas la cuarta barrera. En fin, vamos a Kiri, Jorge estaba solo, que se joda por viejo. – Y entonces la pelinegra guió al grupo que los altos mandos le encomendaron hasta las frías tierras de Kirigakure. Esta aventura continuará.
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