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 La pietá, la pietá, la pietá... El cantar de los grillos es la señal.

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Jounin
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MensajeTema: La pietá, la pietá, la pietá... El cantar de los grillos es la señal.   Dom Ene 10, 2016 4:48 pm

لا پیتا، از پیتا، از پیتا.
La pietá, la pietá, la pietá...

Bajo sus pies, el pelinegro podía sentir las vibraciones de las ramas de los árboles al moverse con violencia, posteriormente a que este aterrizara sobre las mismas a la velocidad con la que se movía, muchas de ellas llegando a resquebrajarse en los segundos que seguían. Podían, inclusive, sentirse el ligero movimientos de los animales escondiéndose ante lo desconocido, cuando sentían el ruido que este generaba al avanzar hacia sus posiciones, tratando de salvaguardar sus vidas ante la idea de un posible predador. Sumido en sus pensamientos, Shawn ignoraba las idiosincrasias que se generaban a su paso, con su atención plenamente sumida en los sucesos que acababan de desarrollarse.
.- Desgraciado. – Había dicho él, mientras veía con interés creciente las imágenes que su bola de cristal reproducía, prestando la mayor atención posible dada su condición a, inclusive, los detalles más nimios que pudieran servirle para lo que se llevaría a cabo a continuación. Protegidos bajo sus brazos, la bola de cristal previamente invocada y la cámara de video no recibieron daño alguno procedente de la explosión, como consecuencia de que el susodicho estallido había nacido de las partes “exteriores”, o “expuestas” quizá, de su cuerpo. Así, entonces, la cámara había podido mantener la función original por la cual era utilizada, documentando cada detalle que su lente captara, e independientemente de que la visualización del video se dificultaría por los movimientos del pelinegro, el audio serviría para estimular su memoria, llegado el peor de los casos. Al desaparecer sus clones su mente recibió gustoso la nueva información, generando una sonrisa socarrona que se extinguiría con el solo pasar de los segundos, mas que generaba cierto alivio en la caterva de pensamientos que rodeaban su mente.

El primer indicio de encontrarse cerca de la aldea vino ante la lenta disminución de árboles en la zona circundante, pues donde antes había una miríada de estos cuyas hojas cubrían hasta el más pequeño recoveco de cielo que llegara a mostrarse, ahora podían distinguirse largas zonas verdes desprovistas de la protección mencionada, su presencia ahora de forma más intermitente. No fue sorpresa, por ende, cuando distinguió finalmente en el horizonte, dibujándose lentamente, las siluetas de unos pocos edificios. Le fue sencilla la tarea de identificar cuáles eran estos y así pudo identificar, de forma más o menos general, la posición en la que se encontraba. Desactivada finalmente la técnica del cuerpo parpadeante, guiarse le resultó, inclusive, una actividad más sencilla, producto de la carencia de velocidad, dando largos saltos entre puntos específicos de la urbe; Mientras los metros restantes se reducían con cada segundo que pasaba, llegó a sentir una tensión particular en el ambiente, tan fina y delicada que era consciente que los individuos sin conocimiento de la situación no lograrían notar, pero sus ojos expertos, que habían visto urbes de igual tamaño arder en llamas, pudieron discernir, como producto de una pesquisa, cada pequeña sensación que se encerraba en el aire.
Aunque pasaba por encima de ellas y su visión de las mismas era efímera, vislumbraba las calles con una curiosidad que podría tildarse de superficial, pues lo que le producía ese interés casi enfermizo no era lo que ellas contenían, sino lo que le recordaban. En ellas, en el cemento que las conformaba, llegaba a distinguir el reflejo de unas costillas marcándose en la carne, mientras que en los faroles cercanos lograba ver a los insectos sobrevolando el susodicho, pero era el aire el que lo abstraía: El aroma de los cuerpos al exhumarse era difícil de ignorar, pensó.

Lentamente el vaivén de sus ideas retornó a aquellos dos individuos, cuyos nombres desconocía, pero el rencor que sentía hacia estos por las acciones realizadas no respondía ante tal concepto, y el odio que reverberaba hacia los mismos en consecuencia era ajeno de cualquier convención social. Ambos habían creído ser superiores por su edad, consideraban que la experiencia que la práctica les daba les garantizaba una ventaja difícil a la cual sobreponerse, y él sabía que en otros casos sus dedos rodearían con orgullo la razón que cargaban… Pero él también sabía que hay cosas que no se pueden aprender. Él era Jack Montenegro, y era un hijo de puta malnacido, y no puedes enseñarle a alguien a ser un hijo de puta malnacido. Puedes obligar a alguien a matar a treinta niños, puedes enseñarle a alguien a soportar la carga de matar a treinta niños, pero no puedes enseñarle a alguien a disfrutar mientras lo hace.
Pudo reconstruir, con su mente embelesada en el hecho suscitado, las paredes teñidas en la sangre de los inocentes, los cuerpos entumecidos distribuidos en el suelo y el llanto de los sobrevivientes mientras veían sus vidas reproducirse delante de sus iris.
.- ¿Así que tú eres la que cumple años? – Había dicho él, y las palabras retumbaban en su mente. En sus labios manchados de sangre podía distinguirse la sensación jocosa que sentía: - Te daré mi regalo, preciosa. Mi regalo será dejarte que cierres tus ojos mientras que reduzco a tu padre de maldiciones y falsa valentía a sollozos y largos gimoteos en busca de piedad a medida que golpeo sus rodillas reconstruidas quirúrgicamente hasta que no haya nada que aplastar.




El sonido del picaporte moviéndose con violencia fue lo primero que cortó el silencio reinante, seguido por aquel que se genera al forzar una puerta con la fuerza como instrumento para llegar a un fin con el de la madera al astillarse, cediendo ante la presión ejercida. Pudo ver su cuarto sumido en la oscuridad, y no hubo necesidad de estirar en demasía uno de sus brazos para iluminar la sala. Hecho aquello, respiró profundo, en un intento de calmar la ira y la ansiedad que embelesaba sus pensamientos, con los ojos cerrados y su mente divagando en las lejanías, por un pequeño espacio de sólo segundos, allí donde el éter se transforma en plasma.
Dentro de los límites de su habilidad como sensor no podía sentir chakra alguno que llegara a reconocer, independientemente de si estos pertenecían a aquellos a quienes había hecho frente anteriormente o la misma sombra de la Niebla, que había conocido previamente en el transcurrir de la noche. De todos modos, a pesar de su incapacidad para la acción descrita, la bola de cristal que entre sus dedos sostenía lograba compensar las falencias propias, siguiendo con detalle las acciones de los susodichos y, si así él lo deseara, incluso tendría la posibilidad de mantener vigilados al Mizukage y su acompañante, que sabía se encontraban a una distancia aproximada de tres  kilómetros. Mientras sus iris yacían fijos en la travesía de ambos individuos, pudo sentir lentamente un ligero hormigueo que nacía en su nuca y encontraba su final en uno de sus antebrazos, notando cómo su psique se dejaba arrastrar por la jibarización de su alterego, y mientras él más deseaba impedir el suceso, más rápido su línea de pensamientos lo devuelve al momento en que pudo notar que era traicionado, en que notó cómo aquel al que consideró, en su ingenuidad, un aliado, le mostraba la espalda y lo vendía al enemigo. Su nombre era Jack Montenegro, y en sus carnes encerraba los reconcomios delirantes de aquel que fue desterrado, y sólo cuando por sus dientes caían delgadas líneas carmín que se desdibujaban a medida que descendían por su quijada, su hambre se calmaba y sus iris volvían a demostrar los resquicios de consciencia que siempre reflejaban.
Sus idas y venidas del infierno le habían generado una reputación que era difícil de superar, de la mano de Virgilio había vislumbrado cada uno de los círculos en todo el poderío que estos reflejaban, y rara vez en el reino de los vivos llegó a ver actos que igualasen la crueldad con la que se había cruzado en sus recorridos por aquellas tierras malditas. Minos gruñe cada vez que logra divisar su rostro entre la multitud, notándose la frustración que le genera volver sentenciarlo cada vez que sus miradas cruzan, y enrolla su cola con impaciencia hasta que su garganta se esconde entre las escamas de la misma. En todos los círculos llega a ser reconocido, y se ha hospedado incluso en el más calmado y silencioso de ellos, donde aquel cuyo puñal se blandió contra el todopoderoso le contagió aquella sonrisa desquiciada que sus víctimas logran distinguir antes de partir. Cuando las agujas coincidan, cuando el último grano de arena se haya caído, él caería gustoso al infierno, relegado a un séptimo círculo donde sufriría hasta el fin de los tiempos, pero incluso él, un sujeto que ha cometido los crímenes más atroces por la sola codicia y el placer de la acción, se vería privilegiado por sus actitudes frente a las de aquel pelinegro, que como buitre alimentándose de la carroña llega a la garganta de sus presas mediante la falta de honor, en actitudes que sólo él considera solemnes y las tilda de poseer algún valor ajeno al de la pura cobardía y la falta de escrúpulos. Y sólo pagaría por todos esos puñales clavados en espaldas cuando viera su cuerpo sumergido en hielo, congelado hasta más allá del Armagedón, su carne siendo devorada por los parásitos hasta que su consciencia se viera reducida a una caterva de pensamientos inconexos, guiados por estímulos generados al azar.

A medida que sus pensamientos se enroscaban en torno a la acción reciente, una verborrea había comenzado sin este realmente llegar a ser consciente, y mientras la mencionada avanzaba, sus manos se habían desplegado sobre los muebles, arrastrando a su paso al suelo cualquier objeto que allí se encontrara. Una primer patada inició todo, con uno de los cajones cediendo en consecuencia, para más tarde reducir aquellos muebles a trozos de madera independientes entre sí. Sólo cuando exteriorizaba sus sensaciones con la violencia como medio sentía alivio verdadero.
Sus dedos rodearon un frasco que, al abrirlo, reveló encontrarse lleno de sal, y sin pensarlo dos veces lo arrimó hasta las comisuras de sus labios, consumiendo el contenido. En un inicio debió interrumpir la acción, pues incluso con la experiencia en el suceso le resultaba difícil la labor, mas la pausa había sido breve, y nuevamente tragó la sal incluso más allá de las arcadas, deteniéndose únicamente cuando su organismo lo forzó a vomitar lo consumido. Sus pupilas, segundos atrás dilatadas, volvieron a la normalidad, recuperando el tamaño y la tonalidad marrón que las caracterizaba. Notó su mente más serena, ahora carentes del peso de sus divagaciones, y volvió a revisar la esfera, a la cual su atención se había visto reducida a distinguir el más leve sonido que de esta se emitían, consciente de que de haber sucedido algo fuera de lo normal dicho estímulo serviría para centrar las acciones de Cactus Jack.

Carraspea levemente mientras flexiona sus rodillas a medida que se incorpora, con una de sus manos dentro de sus bolsillos en la búsqueda de uno de sus paquetes de cigarros. Cuando las yemas de sus dedos sienten el tacto de la caja, sujetan el mismo para luego extraer dicho paquete. De sus labios sale un escupitajo, y tras esto, una maldición:
.- Carajo. – Dijo él, mientras su visión se mantenía, de reojo, centrada en la bola de cristal. Podía sentir todavía en su lengua el sabor de la sal y el vómito que le siguió, y sólo en momentos donde la penuria era tal llegaba a reverberar cierta envidia dirigida a las nenazas que consumían mentolados. Dio la primer pitada, y volvió a escupir.
Con una parsimonia visible en la forma en que ejecutaba sus movimientos, casi tangible incluso para aquel que se viera allegado al pelinegro, sube a pasos alargados hasta la terraza, con un cigarro todavía apresado entre sus dientes y la bola de cristal en una de sus manos, mientras que la restante yacía vacía, habiendo efectuado unas medidas decididas segundos atrás, salvaguardando dicho objeto no por lo que era, pues ahora iba más allá de ello, era un documento, y valdría su peso en oro. Incluso si la guadaña rasgaba su garganta finalmente en el día de hoy, dispondría de este como ejecución de su venganza.
Una vez llegó a la terraza del hotel, y ya habiendo ejecutado algunas de sus técnicas previamente, pudo sentir a varios metros sobre su cabeza la acumulación de chakra que gracias a él se generaba. El ambiente se encontraba carente de chakra disperso ajeno al suyo, y en consideración con la condición social de esa parte de la aldea –una más turística, con mayor tráfico de civiles que el resto de las áreas- no le sorprendía la ausencia de shinobis en esa área.

Shawn, había dicho él, como un susurro que se extinguió con velocidad. Shawn, repitió, y esta vez no esperó a que el pelinegro diera fe de su presencia, sino que, sabiendo que lo estaba escuchando, continuó. Hoy probarás lo que has venido diciéndole a aquellos que sustentan tu estilo de vida, e hizo una larga pausa para que sus palabras captaran parte de la atención del citado. Desde su posición pudo vislumbrar con sus sentidos más de uno de los lugares marcados, mismos que habían adquirido dicha condición en el transcurso de los años, a fin de mantener cierta seguridad en el transcurrir de sus actividades. Los mencionados eran difíciles de llegar, y en la mayoría de estos la gente no pasaba con asiduidad ni frecuentaba a observar el detalle que los caracterizaba, hechos que, en caso de suceder él sabía no eran por la pura casualidad.
Hoy vas a demostrar algo más, la voz había retomado el habla, demostrarás que eres la persona más peligrosa de este planeta, vas a escribir una declaración con su sangre en las ruinas de esta aldea. Desde uno de sus bolsillos el pelinegro retiró unos kunais, que en ellos traían un sello casi implícito para él buscaba darles; en caso contrario, pues, se habrían vuelto inútiles. No has pasado tu vida forjando una reputación para que un cobarde que todavía duerme en paz te saque del juego. Con todas las fuerzas que disponía, lanzó al aire doce de estas armas, y una vez notó que se encontraban en su cúspide, ejecutó una técnica que los multiplicaría. Poniendo en ello gran parte de su chakra restante, que no era poco, y sin ir más allá de sus reservas para mantener activas los jutsus efectuados previamente, vio cómo estos kunais, que ahora rondaban los 120, se distribuyeron en un área de 150 metros, casi 200 los más lejanos, en una variedad de lugares.

Hechos finalmente todos sus jutsus, consume una píldora de soldado que tenía guardada, restaurando así su chakra con creces. Se deja llevar por el peso de su cuerpo y se sienta, lentamente, con la bola de cristal frente a su ser, en una posición de casi meditación, pero moldeando su chakra que este resultaba más notorio*, como un llamado a esos dos amigos que había decidido dejar atrás. Ejercitándose de esa forma, podía prestarle una atención más detallada a su sentido sensorial**. Kirigakure, país del Agua, había empezado nuevamente, recuerda este día, porque vas a probar lo que siempre has dicho. Podrán llevar tus palabras al juzgado porque eso es a lo que te refieres, eres más que sólo una reputación, eres Jack Montenegro, finalizó. Y él se subió su máscara, porque tenía razón.
Aclaraciones:
 

Jutsus usados:
 
Tema de la presunta edición:
 

Actitudes:
 

Metarrol de Tyr:
 

_________________

Te rodearán en el agua hasta que vean rojo.
Yo soy el monstruo que tus padres te dijeron no existía.



Hombres normales perderían el sueño
ante meros pensamientos de danzar con la muerte.
La Guerra, la Justicia... Ese es su juego.
Pero a mí también me gustan los juegos:
Guerra, ese es mi favorito.
Mi alma sonríe ante el pensamiento
de sus manos temblorosas enarbolando esas pequeñas banderas blancas.
Ustedes tres han elegido una hermosa colina en la cual morir.

Sean cuidadosos invitando al demonio a su jardín,
porque puede que le guste y decida quedarse.
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La pietá, la pietá, la pietá... El cantar de los grillos es la señal.

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