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 Despacho del Hokage

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MensajeTema: Despacho del Hokage   Miér Ene 07, 2015 2:58 am

Recuerdo del primer mensaje :

Y ahí se encontraba caminando entre los pasillos de mármol, el edificio entero se encontraba activo en aquel momento. El recién nombrado Hokage caminaba por la instalación completa paso a paso, viendo cada detalle y dando su aprobación con un débil asentamiento de cabeza y mientras pasaba de una sección a otra, las miradas de admiración, las miradas de orgullo, las miradas joviales del personal que se encontraba en el lugar lo seguían. La mayoría lo conocía, algunos más que otros, unos habían pasado noches enteras con él y otros tan solo un cruce de palabras sin embargo todas aquellas situaciones externas finalmente se mezclaban en un único sentimiento y a su vez una mirada a tal grado que hacía sentirse incomodo al mismo Shiva, durante toda su vida siempre prefirió mantener el perfil bajo pero hacer un buen trabajo, tampoco le gustaba meterse en cosas complicadas y sin duda los últimos meses lo habían sido.

También percibía las miradas hostiles, las miradas de los veteranos y ancianos, miradas de rencor, odio y desconfianza, eso era un dolor y un problema más para el cerebro del nuevo Hokage, la nueva generación acatarían fácilmente sus ordenes con admiración, entusiasmo y respeto, más sin embargo la antigua lo cuestionaría, le pondría obstáculos y probablemente llegaría a la insolencia. Por un momento rió imaginándose a algún anciano insultándolo. Detrás de su caminar se encontraba una joven shinobi de 23 años de edad de su lado izquierdo y de su lado derecho, caminaba un anciano en forma de 69 años. Shiva los había escogido a ambos como sus asistentes con el fin de observar el opinión de las dos generaciónes y la relación en la que se desenvolvieran, la cooperación sería un punto clave en su plan.

Finalmente, tras llegar a las puertas de mi despacho, había decido que se haría mi voluntad de una forma u otra, inclusive utilizaría la fuerza de ser necesario, se me había otorgado el título del hokage y como tal convertiría a la aldea de Konoha en la más grande del mundo shinobi. El país de fuego ya era en sí el país más grande del mundo, y como tal su aldea principal tendría que estar a su status, pero la guerra de los clanes aún tenía herido al país y la aldea, el comercio apenas había vuelto a fluir hacía tres décadas después de una era de guerra de cientos de años. Todo eso corría por mí cabeza mientras inhalaba marihuana a través de la pipa que portaba en la mano izquierda, esperé tres segundos antes de soltar la bocanada de humo cuál hizo toser al anciano y sonrojarse a la chica.
-Esto en serio que va a ser un dolor de cabeza, será mejor que empiece cuanto antes.- Pronuncié mientras daba vuelta a la perilla y entraba en el salón. Fue grata la sorpresa al ingresar al lugar y casi sin darme cuenta se impregno una pequeña sonrisa en mi rostro, el lugar había quedado exactamente a sus indicaciones, aquello ya era un muy buen comienzo, procedí a caminar por el gran salón observando los estantes que rodeaban completamente la habitación hasta que finalmente llegué a mi escritorio  donde ya se había reunido una gran cantidad de papeles, más de 4,000 peticiones empezó a explicar la chica y 788 proyectos de reconstrucción decía el anciano, procedí a sentarme en el gran trono que se encontraba detrás del escritorio, con un leve movimiento de mano despidió a sus asistentes, inhalo una vez más la sustancia de aquella pipa mientras subía los pies a la mesa, solté la bocanada de humo mientras recargaba mi cabeza en el trono y cerré los ojos. "Esto va a ser muy aburrido." Pensé antes de darme el lujo de una diminuta siesta.
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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage   Lun Abr 06, 2015 3:37 am

El albino escucho su primer nombre y resonó fuertemente en su cabeza, lentamente como eco las letras de su nombre se apoderaron de su cabeza. La mirada del albino cambio drásticamente, sus ojos se sobre abrieron al instante.
Una oleada de memorias invadieron su cabeza cerro los ojos con fuerza y simplemente se limito a tratar de olvidarlas. Al abrir nuevamente sus ojos se logra va percibir una mirada distinta a la anterior. Su sonrisa había desaparecido por completo—Kaneki…Hacia tanto que nadie me llamaba asi—agrego llevando su mano a la cabeza, pues aquel nombre le provocaba jaqueca. Ken se impaciento al escuchar nuevamente la voz del hombre quien ahora lo llamaba ¨Kaneki¨ sus palabras eran un tanto ciertas pero tan solo en un punto. El albino apretó los dientes y comenzó a sonar sus dedos tratando de tolerar sus palabras. El muchacho observo detenidamente el tablero del hombre de la pipa, Ken sonrió levemente al observar las piezas y suspiro.
Su mirada era un poco mas calmada solo por un instante. Pues al escuchar nuevamente las ultimas palabras del hombre Ken palideció al instante[¿Un propósito…En esta vida?] Pensó. Esta vez su mirada era fría y siniestra, el nunca tubo un propósito para el mismo, siempre vivió para acatar reglas de sus amos, ordenes y esta vez era la primera que no cumplía. Ken clavo de manera repentina su mirada en los ojos del hombre que le había hecho la pregunta—Quien necesita tener un propósito? —mintio secamente. ¿Quién era?, no le quedaba claro, el simplemente vivía y eso era todo, sin importar lo que fuera solo quería vivir ¿Por qué? Para encontrar el propósito de su existencia.
Todo esto paso por su cabeza que por un instante quedo paralizado al pensar en su pasado nuevamente y simplemente abrió la puerta a aquel ser que habitaba en el. El albino rió nerviosamente para después pasar a las carcajadas. En ese mismo momento le respondió—¿Quién soy?, Soy una pieza mas en su tablero. Esperando a ser utilizado por el hombre de la mente majestuosa— Ken decía esto de manera desesperada irónico y riendo al mismo tiempo—Solo utilíceme como su corcel—dijo secamente—Amo de las piezas del tablero—Agrego mirándolo perdidamente—No soy mas que un esclavo de sus ordenes— El albino rió mirando el tablero de manera en que desafío lo que pensaba el hombre. —Después de todo, todos somos piezas para Dios— Agrego tomando una pieza que parecía tener la forma de un peón —¿ Cuales son sus planes? — El muchacho sonó sus dedos y rió esperando la respuesta del hombre. Pues el Hokage había logrado su cometido y Ken lo tenia claro.

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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage   Lun Abr 06, 2015 5:36 pm

El chico albino había parecido verse a sí mismo como un peón, mientras que el mandatario del país del fuego sostenía es sus manos al caballo. "¿Un potro que se considera un peón?" No era el resultado que el Kaguya habría esperado, más sin embargo le daba más utilidad de la que podría haber deseado. Fue escuchando, plácidamente, una a una, las palabras que el peliblanco se encontraba pronunciando. "Corcel con mente de peón." Pensó Shiva nuevamente, de cierta forma podría decirse que un resultado así solo era de esperarse de alguien tan inestable como Ken. El Kaguya estaba complacido hasta cierto punto, fue entonces que el peliblanco preguntó por un tema vital. "¿Mis planes?" Fue entonces cuándo mil ignotos se alzaron dentro del Kaguya, gritando diferentes objetivos, pero el principal era claro, y le contaría a su nuevo pieza y la cuidaría también. El Kaguya se levanto mientras continuaba inhalando y exhalando de su pipa, caminó unos cuántos pasos y se asomó por la ventana, observando la aldea entera.
-Recién hemos salido de una época muy obscura, dividimos fronteras, más sin embargo jamás hemos pactado una paz. Siéndolo así ¿Quién será el primero en apuñalar al otro? Suna ya nos ha pegado ¿Recuerdas? Y muy pronto nos tocará contraatacar.- El Hokage esperó unos segundos antes de continuar, el cruce de tantas ideas le había dado una pequeña jaqueca, así que procedió a fumar de su pipa, al terminar, continúo con su narración.
-No puedo confiar es los líderes del resto de las aldeas, no hasta conocerlos, pero tampoco les daré el lujo de apuñalarme por la espalda, tampoco dejaré que sigan manipulando y corrompiendo esté mundo... Así que voy a conquistarlos a todos y les voy a dar la oportunidad de sincerarse y redimirse o morir.- Mientras hablaba el supremo líder de la hoja, había continuado sus pasos, acercandose cada vez más a Kaneki, esté tenía los ojos abiertos de par en par, tal vez aún afectado de las palabras anteriores que el Kaguya le había dirigido. -Así que ven conmigo, Kaneki Ken, ven si es que quieres ver lo que del mundo será, tal vez esa podría ser la única razón que te quede para vivir ¿No crees?...

El Kaguya esperó unos segundos en silencio, el albino parecía apunto de responder pero fue entonces que la conversación fue interrumpida. Como un espectro, la sombra de la hoja apareció instantáneamente, para cuándo los reflejos del Hokage lo observaron esté ya se encontraba arrodillado con pergamino en las manos. Shiva se limitó a extender la mano y tomar el pergamino y fue así que la sombre se fue tal y como había llegado. Desdoblando el pergamino, el Kaguya comenzó a leer el contenido del mensaje.
"¿De qué va esto?" Aquello produjo una corazonada en Shiva, desbordando una pequeña sonrisa en los labios, guardó en pergamino en los ropajes y continúo cambiando, pero está vez, en dirección al portón que daba al pasillo.
-Parece que hay cosas que necesitan de mi atención Kaneki ¿Por qué no te quedas aquí y recibes a la gente en mi nombre, estoy seguro de que no tardaré.- Tras sus últimas palabras el Shodaime se dirigió ahí donde la carta decía.

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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage   Lun Abr 06, 2015 9:32 pm


El muchacho observo el caminar del hombre del tabaco. Ken arqueo una ceja al escuchar las palabras ya antes dijeridas por sus antiguos lideres. Dejo escapar una risa y espero a que su líder terminara sus palabras; Todo lo escuchaba a lo lejos como si del viento se tratase pero al escuchar su plan de conquista, esas palabras eran diferente a sus otros lideres, ken se dedico a sonreir típicamente[ Un codicioso del poder…suena interesante] se dijo asi mismo mientras las palabras brotaban de la boca del Hokage.
Ken siguió con la mirada al hombre que parecía acercarse a el, el albino le dedico una mirada de plata e interrogante se propuso a escuchar lo que tenia que decirle. El joven iso un gesto de disgusto y justo cuando sus labios estaban preparados para florecer palabras un extraño ser se presento en la sala. El albino simplemente movió las pupilas a donde el espectro se encontraba y observo la carta que le entrego al Hokage. Ken tomo asiento pues sabia que nuevamente se encargaría de cuidar un hogar tal y como sucedió con Noro-Adelante, realice su Jaque mate-Agrego sonando los dedos de su mano izquierda mientras el hombre abandonaba la sala.

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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage   Dom Abr 12, 2015 11:38 pm

Ken había permanecido ahi unas cuantas horas, dando le vuelta a la sala sin mas, entre el silencio una gran explosión se presento en el sentido auditivo del muchacho. Rápidamente Ken sintió precedencias extrañas y comenzó a dudar en abandonar el lugar, pero no era tiempo de cuestionarse lo aunque la orden del Hokage era permanecer ahi sentía que debía ir a mantener un poco de orden en el lugar y con unas piernas rápidas salio del lugar justo por la ventana principal del hokage.

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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage   Lun Jun 01, 2015 2:32 am

Una miríada de documentos se desplegaba frente a su ser, e incluso Reiko, en sus más de veinte años de profesión, veía con asombro la cantidad de trámites que se llevaban a cabo. El personal, incapaz de cumplir con todas las demandas de los habitantes de la nación, se enredaban entre un batiburrillo de excusas que no hacían sino empeorar la situación, y sólo aquellos poseedores del don de la palabra no veían su trabajo reducido a una diatriba peyorativa que atentaba contra el hipotético bienestar propio y de sus allegados.
Su memoria lo llevaba a épocas pasadas, algunas de ellas previas incluso a la asunción del primer Hokage, y sin embargo en ninguno de los recovecos de su larga trayectoria pudo recordar encontrarse en una situación como la presente. La conglomeración de personas era increíble, y sumido en el asombro pudo reflexionar que en su vida habían sido escasas las oportunidades de ver una multitud como la que acaparaba el departamento del mandamás. Quizá, dijo para sus adentros, lo que en verdad lo sorprendía era que cada individuo allí presente compartía techo en unión bajo una desgracia en común.

.- Lo sé, señora. - Recitaba Reiko, casi compartiendo canto con sus compañeros ante las distintas situaciones que se hacían presentes. Incluso él, un hombre curtido por y para el trabajo, cuyas aptitudes intelectuales lo habían encumbrado hasta la posición de vanagloria que él ocupaba, no podía evitar abstraerse ante la suma de peticiones que llegaban a tutiplén. - Entiendo su situación, pero nuestros servicios están... - Pero tuvo que recular; No porque sus vocablos hayan empezado a contradecir sus pensamientos, o por una necesidad inherente de ordenar sus ideas para dejar en claro su juicio; Sino por la macedonia de insultos recibidos, que imposibilitaba explayar la condición de la aldea para justificar la carencia de recursos.

Una vez las manecillas del reloj indicaron las dos de la tarde Reiko rindió cualquier resquicio restante de ímpetu para hacer entrar en razón a la señora, cuyo índice señalaba que la culpa detrás de estos sucesos no yacían en el Kage difunto o en el terrorista Corvo Manosfrías, sino en la albina que ahora ocupaba su trono. Pusilánime ante la ignorancia del pueblo que amaba, se aprovechó de la pleitesía que sus inferiores jerárquicos le proferían para tomarse un descanso y discutir algunos de los hechos recientes con la mujer cuya desfachatez embadurnó su corazón, Shannaolette, y su asistente cuyo don verdadero consistía en mimar a la aristocracia, Miria, y cuyo desagrado se había convertido en un juego recíproco con el pasar de los años.

Respiró profundo y bebió su taza de café en un sorbo, restando importancia a la temperatura de la misma. Pasó la palma de su mano por su cabeza, acomodando su cabello lleno de canas mientras admiraba su propio reflejo en el espejo: Alto y robusto, con un estómago prominente y una papada que se disimulada bajo un incipiente vello facial. Si bien carecía de un físico por el cual cualquier mujer desearía pasar sus largas uñas, compensaba sus falencias con su intelecto, sus maneras y su habilidad en el habla -o al menos eso él creía-. Ajustó su corbata mientras secaba las gotas de sudor que se deslizaban por su frente, y con una fuerza salida desde el más profundo brío que sólo intercambiar palabras con la albina le generaba, mientras sus iris consumían deseosos cada minucioso detalle de su hermoso trasero, subió cada uno de los escalones, sin darle importancia a la fatiga que lo consumía y que, varios años más tarde, seguro sería señalada como la culpable en su carta de defunción.
▲▼▲

Escabulléndose a través del enorme ventanal de la oficina, la luz del astro rey daba de lleno en el cuerpo de Shannaolette, quien sentía con placer el cosquilleo del calor sobre su cuerpo.
Bajo los filamentos del pincel, aquella imagen que nació en un resquicio de imaginación proveniente de los profundos recovecos de la mente de Shannaolette empezaba a cobrar vida. En su siniestra la albina sostenía la tabla de madera donde los colores reposaban, mismos cuya variedad de nombres impedía que los mencionados permanecieran tiempo extendido en la memoria de la citada, y cuyo devenir en las combinaciones sólo generaba colores de carácter frío, reminiscencia intrínseca de las habilidades de Nidaime Hokage.
Un delgada línea de sangre se dibujaba en el rostro de Shannaolette, en cuyo camino hacia al suelo dejaba su marca carmín teñida en la palidez de la albina. Ensimismada en la creación de su obra, redujo la importancia de la pérdida mencionada a un movimiento de su diestra una vez esta se interpuso en su visión. La causa del desangrado lejos estaba de ser una marca de guerra reticente a la cicatrización, sino que se debía a uno de los impulsos de la peliblanca. Una corona de rosas adornaba su cabeza en cuyos dos colores, rojo y blanco, se alternaban en una amalgama de posibilidades enredándose con las finas hebras plateadas que conformaban la larga cabellera de Shannaolette. Las espinas de esta se clavaban en su sien provocando el efecto previamente mencionado, mas su desdén minimizaba la sensación que esto le producía.
.- ¿No ves en mi el reflejo de la misma Afrodita? - Preguntó Shannaolette a Miria, su asistente, mientras daba los retazos concluyentes de su obra. Las palabras dirigidas a la mencionada la habían traído de vuelta de su ostracismo, y dejó de recitar ensimismada la lista de edificios victimas de la guerra civil y las razones por las cuales debían de tomarse medidas urgentes sobre su reparación. La albina estiró su diestra y sus dedos rodearon uno de los vasos adyacentes a la mesa, mismo que transportó hasta sus labios y bebió con el fulgor perdido de su niñez. Una vez mojó un poco su garganta, que yacía reseca, volvió a dirigir la palabra a su asistente: - Te hice una pregunta, mi estimada. ¿Acaso no ves en mi la personificación de la belleza actual, la apoteosis de todo lo que es bello?
.- Estás sangrando. - Señaló Miria, mostrando su competencia para mostrar lo evidente al mismo tiempo que apoyaba el papeleo entremezclado de legajos y terrenos en el escritorio.
.- ¿Sí? Qué picardía, solía hacerlo una vez al mes. - Respondió la albina con la misma actitud que se coronó Hokage. Dio unos últimos sorbos y una vez vació el contenido de su vaso rellenó el mismo nuevamente. Asqueada ante las replicas de su superior, Miria evadió el tema con la misma habilidad con la cual había dejado pasar por más de once años cualquier oportunidad de ascenso a costa de sus carnes, y preguntó:
.- ¿Cómo le pusiste? - Se vio a sí misma sorprendida ante la habilidad de la peliblanca con el pincel, y cuando la interrogó al respecto lo único que pudo sacar en claro era el embeleso que le causaba a Shannaolette jugar bromas. De esa forma, tuvo frente a su ser una miríada de justificaciones cuyo raciocinio rozaba la ridiculez, mas cuya variedad y originalidad era digna de asombro. De esa forma, la rubia estuvo por primer vez en su vida ante justificaciones como: "Me vi diez horas de videotutoriales de Bob Ross", "Yo inventé el Cubismo", "Es que estoy en mi período azul" independientemente de que su amalgama cromática era cálida, o su favorita personal "Mi mentor fue Tiziano; Yo le ayudé con El Hombre del Guante".
.- Se llama Déchets. - Respondió la albina, y tras sus palabras tomó el lienzo por las esquinas hasta reducir su obra a una bola de papel que lanzó al tarro más cercano. Incrédula, en los ojos de Miria se reflejaban la formación de cada uno de los pliegues, mas en conocimiento de las actitudes de Nidaime Hokage no intervino en su accionar. - Tenía demasiados pequeños accidentes felices. - Sentenció, y luego de ello se sentó en el trono que le correspondía.

El sonido de pasos agigantados ascendiendo por los escalones se hacían notar incluso a través de la puerta, mismos que venían acompañados del jadeo habitual que resolvía la incógnita sobre quien era la personalidad que se adentraba entre los lóbregos recovecos personales de Shannaolette. El ruido del picaporte recorrió el aire con un devenir anticipado por las presentes, y su sonrisa socarrona y picarona que confirmaban que había cosas por venir se dibujó una vez vio cómo la albina miraba distraída a través del ventanal.
.- Reiko... - Dijo Shannaolette demostrando su hastío hacia el mencionado, a sabiendas de que los iris de su autoproclamado "mano derecha" se cernían sobre su cuerpo, desnudandola con la mirada y sometiéndola a un batiburrillo de fetiches en el único lugar donde este podría sentirse poderoso. - ¿Y ahora qué quieres? - Sus dedos tomaron uno de sus blancos mechones hasta esconderlo detrás de su oído.
.- Tengo información, Lord Hokage. Del sujeto que usted pidió. - Con su habla demagoga, único talento por el cual su cheque rezumaba ceros, deslizó la variedad de papeles relacionados al tema en el escritorio. - Hasta Corvo Manosfrías estaría sorprendido. - Finalizó, esperando una adulación de parte de su superior que no recibió... y que jamás recibiría.
.- Este tipo le vio la cara a Shiva. - Sentenció la albina, haciendo una pausa mientras hacía sonar cada uno de sus dedos al compás de sus palabras. - Probablemente me vea la cara a mi también, pero nunca he conocido a alguien que pueda verle la cara a una bala. - Finalizó, mientras el brillo de sus ojos mostraba la emoción que le generaba pensar en la adrenalina de la mera violencia.
.- Señorita Shannaolette. - Interrumpió Miria, mientras su mirada demostraba el desdén que sentía hacia su compañero Reiko. - No debería subestimar así a este sujeto. Es seguro que ha tenido varias batallas...
- Si él ha tenido varias batallas como ejemplificas, entonces asumo que sabe del BitchSlap - Concluyó, y tomó los papeles mientras una sonrisa se dibujaba a lo largo de su rostro, mostrando en ella la indiferencia que sentía ante la hipotética amenaza que según sus consejeros se cernía sobre su ser.

Sólo cuando sus iris se centraron en la imagen del acusado, aquel en cuya lista de crímenes se resaltaba el atentado que lo llevó a la fama y la posibilidad de varios más de los cuales momentáneamente no se lo podía vincular, su corazón aumentó el palpitar. Por ciencia infusa los objetos dejaron de moverse a su alrededor, y una adrenalina nacida del terror más puro se sumergió en su mente, llenando su cabeza de augurios de muerte y destrucción que vivirían para siempre.
Sus ojos, que somatizaban aquella imagen que yacía frente a su ser, no comprendían cómo aquello era realmente posible, y mientras una niebla se profundizaba en sus iris Shannaolette hizo por primer vez algo que verdaderamente era impensable porque ella, alguien que a lo largo de su vida había incitado la violencia por los caprichos más banales, alguien cuya bondad era únicamente de carácter jurídico, había recuperado tras varios años lo que le fue arrebatado tiempo atrás: Sus memorias.

.- ¡Saca eso de mi vista! - Gritó Shannaolette, mientras su respiración se agitaba y en sus ojos ardían lágrimas que se deslizaban por sus mejillas y se congelaban previo a su llegada al suelo. En consecuencia de su ataque de pánico había perdido cualquier capacidad para controlar sus habilidades, y el brusco descenso de la temperatura era una prueba de ello; El oxígeno se enfrió, y del suelo nacieron estacas de hielo que rodearon su cuerpo, generando un ensimismamiento incomprensible para ambos presentes, quienes se agarraban a cualquier resquicio fortuito de salir vivos.
Sumida en un llanto largo tiempo ahogado, echó a sus asistentes para nunca volver, y posterior a su griterío lo único que se escucharía era una plegaria por la vuelta de la única persona que en verdad cuidó de ella.
.- Oktavia sabría qué hacer, ella me defendería. - Dijo ella, mientras su llanto era un vaticinio de las cosas que estarían por acontecer.
▲▼▲

Todavía nerviosa por lo acontecido, Miria bajó los escalones lo más rápido que pudo y se sumergió junto con su compañero en el bullicio burocrático que había un piso más abajo. El desaforo de su líder la sorprendió de la misma forma que le fue ofrecido por primer vez un ascenso en base a una compensación marital, sin embargo ahora su vida había estado en juego por los altibajos emocionales de una mujer cuya materia gris en ocasionas parecía tan disfuncional como la de Reiko Urdyammb, persona cuyo desdén nunca ocultó y cuyo desagrado aumentaba con el pasar de los días desde el hecatombe que fue su divorcio.
.- ¿Qué crees que sucedió? - Dijo este, mientras que de su rostro caían varias gotas de sudor y en su ropa se atisbaba la silueta de marcas de transpiración.
.- ¿Yo debería saberlo? Tú eres la autoproclamada mano derecha. - Tomó aire y ordenó sus pensamientos, intentando calmar la ansiedad que le producía la cercanía de la muerte. - Seguro fue alguno de sus delirios, loca estúpida, maldita idiota incompetente, casi nos mata... ¡Maldita sea ella! ¡Maldito sea Shiva! ¡Y maldito sea Corvo Manosfrías mil veces más por el estado de la aldea! - Mas su diatriba no pudo proseguir dado que su marido se vio en la labor de defender el honor de la citada.
.- Esa mujer tiene más sesos que cualquiera; Su prosa, su ingenio, su talento para las artes y sus capacidades ninjas son muestras de ello. - Hizo una pausa y después continuó. - Cualquiera tiene un mal día, tú a diferencia los tenías siempre y por eso me divorcié, bruja, así que nunca te atrevas a criticar a Lord Hokage en mi presencia o... - Mas en esta ocasión él era el interrumpido.
.- Lo que digas, ¿mandaste esa carta que ella te pidió a Iwagakure? ¿Hiciste lo que te pidió con ese cuerpo? Mejor deja de lado todo eso, maldito lambiscón, y haz tus deberes. - Finalizó mientras se iba del lugar, sabiendo que sus maneras arcaicas le daban "ese toque" a cualquiera de sus frases.

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Pero a mí también me gustan los juegos:
Guerra, ese es mi favorito.
Mi alma sonríe ante el pensamiento
de sus manos temblorosas enarbolando esas pequeñas banderas blancas.
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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage   Mar Jun 30, 2015 1:14 am

Un halcón de plumaje gris perlado surcó los cielos, aleteando fuertemente para llegar a su destino y entregar el mensaje que, dependiendo el cristal con que se mirase, estrecharía los lazos de paz o desencadenaría una guerra sin sentido... Aunque no es como que a alguna de las involucradas le importase realmente...

Contenido de la Carta:
 

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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage   Vie Jul 31, 2015 7:27 am

Una vez la lectura terminó y se tomó su tiempo para reflexionar sobre las palabras plasmadas en el papel y el significado en general de las mismas, supo que debía responder para dejar en claro varios asuntos al respecto. Abrumada por estos sucesos, sacó fuerzas desde lo más profundo de su ser para escribir una última carta que con suerte dejaría limpios varios puntos al respecto.
Una vez escrita, obligó a uno de sus esclavos jerárquicos a mandar la carta mencionada.

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