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 Salón central. ~ La palabra sagrada.

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MensajeTema: Salón central. ~ La palabra sagrada.   Miér Ago 05, 2015 9:06 pm

Una larga pila de libros extendían sus dominios en aquella habitación, cuyo derrumbe ocupaba un gran porcentaje de lo que antaño había llegado a ser considerado un hermoso salón donde las luces y los muebles se mezclaban para formar un todo, una macedonia de elementos que se unían para demostrar el despliegue arquitectónico del que la mansión y sus dueños podían presumir. La falta de cuidado y equilibrio años atrás perdidos eran los causantes principales de la escena que ocupaba el lugar, mas ahora dicha caterva que inundaba el lugar llegaba a ser considerado como una de las tantas idiosincrasias del edificio, ignorándose el efecto que los mamotretos líricos desparramados pudieran llegar a tener a futuro.

Sentada en una de las elevaciones de la sala donde el desorden era un concepto ajeno, y como extraída directamente desde el más añejo de los daguerrotipos, la esbelta figura de Shannaolette se veía reflejada en los extensos azulejos aledaños a su posición, dibujando en los mismos largas sombras que en un principio se mezclaban y después desaparecían en un largo corredor, cuyos años dejaban entreverse en las paredes húmedas y los suelos picados consumidos por el inexorable avanzar del tiempo, un estado de precariedad que se extendería hasta consumir bajo su manto los cimientos más antiguos del edificio.
Las gotas que golpeaban contra el ventanal bajo el que la peliblanca se encontraba se desdibujaban a medida que Gaia las reclamaba, y Shannaolette añoraba, como una adicta, el sonido de la lluvia rompiendo contra el cristal: La lluvia, al caer, generaba una melodía que sólo el crujir de los árboles bajo una tormenta podía igualar, mas la diferencia entre ambos ejemplos radicaba en la diferencia de sus tiempos. Por años el sonido del agua al chocar contra el tejado había recorrido hasta el más profundo de los enormes recovecos que aquella olvidada mansión poseía, y el cesar de la misma lejos estaba de alguna vez llegar a ocurrir.

Su piel, blanca como la nieve, relucía ante la atenta mirada de la luna, quien en la eterna cacofonía de la noche, lograba que su luz se escabullera entre las nubes hasta bañar a la albina de la misma. Su constante titilar, similar al volar de una luciérnaga, se extendía en dependencia de la duración del crepúsculo, generando un vals nocturno marcado por el compás de la lluvia. Las muchas idiosincrasias de su porte yacían al desnudo, recibiendo con agrado las heladas temperaturas que ahondaban por su mansión, y en cada exhalación que daba aparecía a escasos centímetros de sus labios pequeños nubarrones grisáceos que disfrutaba ver generarse. Su largo cabello discurría ordenado sobre sus hombros descendiendo sobre su espalda como una cascada bajando sobre un camino pedregoso, y finas hebras plateadas caían salvajes como pequeños trazos blancos, todos ellos independientes del sendero principal. Sueltos sobre su figura, su cabello lograba esconder las partes íntimas de la fémina que la ausencia de tapujos no lograba ocultar. Sus ojos violáceos resplandecían como faros rodeados por las tinieblas, con sus iris perdidos en la presea que era la obra que sus manos estaban creando. La mezcla de colores que se suscitaba a causa de ella generaba una imagen cuyo brío consecuente se somatizaba hasta que su orgullo se traslucía en una sensación de calidez en su pecho, remontándose en el tiempo hasta alcanzar los recuerdos más tempranos de su infancia.
.- Un pequeño accidente feliz. - Dijo en voz baja al concluir su trabajo, y sólo las luciérnagas que pululaban entre los escombros fueron testigos del bisbiseo que lentamente desaparecería en el aire. Sus dedos rodearon uno de los extremos de su obra hasta que el lienzo sólo fue un pedazo de papel atrapado entre las palmas de sus manos, pudiendo sentir los pliegues de la hoja clavarse en sus palmas.

Flexionó sus rodillas hasta estar de pie, y una delgada línea carmín surcó su rostro lentamente, naciendo en su sien y muriendo lentamente en su quijada. Reticente, la delgada línea de sangre se vio seguida segundos más tarde por otra de similar espesor, mas el trayecto de esta se detuvo una vez alcanzó una de las cuencas de sus ojos. Con indiferencia ante el hecho, Shannaolette dejó caer los pinceles que con su diestra sostenía y redujo dichos acontecimientos a un movimiento de manos que rezumaba el desdén demostrado hacia la situación. Su índice se limitó a impedir que se interpusiera en su visión, y tras aquel acto acomodó la corona de rosas cuyas espinas causaban el suceso mencionado. Las rosas, cuyos colores rojo y blanco se mezclaban en una larga amalgama de combinaciones que realzaban varias de las virtudes del físico de la peliblanca, era uno de sus impulsos caprichosos que caracterizaban su personalidad, y que incluso en plena consciencia del hecho ella se negaba a rehusar.
.- ¿Y quién está ahí? - El eco de su voz resonó por el lugar una vez sintió el sonido de los pasos al acercarse y pudo distinguir un par de ojos resplandecer en la oscuridad del pasillo. Paciente en la espera de una respuesta, se colocó una larga remera blanca que sólo dejaría al aire parte de sus piernas para cubrir su desnudez; No por verse sometida a los delirios que ella consideraba eran los tapujos, sino por la certidumbre de la incomodidad que esto podía causar entre sus allegados. La prenda mencionada en su parte trasera rezaba con orgullo "Best in the World", mientras que en la parte delantera las falanges de un puño se cerraban con fuerza en su intento por contener un rayo. Acomodó su cabello y a medida que en el pulgar introducía el anillo que le correspondía, repitió: - ¿Responderás, acaso?

Al fin y al cabo la palabra sagrada era "Akatsuki".

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Te rodearán en el agua hasta que vean rojo.
Yo soy el monstruo que tus padres te dijeron no existía.



Hombres normales perderían el sueño
ante meros pensamientos de danzar con la muerte.
La Guerra, la Justicia... Ese es su juego.
Pero a mí también me gustan los juegos:
Guerra, ese es mi favorito.
Mi alma sonríe ante el pensamiento
de sus manos temblorosas enarbolando esas pequeñas banderas blancas.
Ustedes tres han elegido una hermosa colina en la cual morir.

Sean cuidadosos invitando al demonio a su jardín,
porque puede que le guste y decida quedarse.
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MensajeTema: Re: Salón central. ~ La palabra sagrada.   Sáb Ago 08, 2015 12:40 am

Ojos carmesí que brillaban en la oscuridad, ojos que no reflejaban más que un odio incontrolable y desprecio hacia todo lo que había en aquel maldito mundo, ojos que no se concentraban en nadie ni en nada, que carecían de aquella capacidad de poder apreciar las cosas por lo que en verdad eran, incapaces de maravillarse por lo que tenían en frente. Que solo podían ver más adentro, que penetraban a cualquier ser que se pusiera frente a ellos, que entraban en lo más profundo de su alma, que solo veían su dolor y sufrimiento como una agonía que nunca terminaría hasta el momento de sus muertes. Avanzaban sin parar por aquel gigantesco y desolado pasillo, por aquella mansión devastada que había perdido su esplendor después de tantos años, donde ya no habitaba ningún alma, tan silenciosa como una tumba, donde solo hacia presencia el eco de sus pasos y un sonido peculiar, algo que, en gran cantidad, parecía ir arrastrándose a la par de su andar. Y por supuesto, como olvidar las miles y miles de gotas de agua que caían implacablemente, dándole un aire sumamente tétrico a la residencia en la que se encontraba.

Al fin después de unos minutos, pudo ver la luz al final del pasillo - "¿Así se verá al final?" - Reflexiono sobre la misma muerte, ¿Cuándo le llegaría?, ¿Cuándo acabaría todo para el?, ¿Cómo sería?, ¿Había algo mas allá preparado para ellos?. No hubo tiempo para pensar respuesta alguna ya que sus pensamientos fueron interrumpidos en aquel momento por una voz femenina proveniente del salón que yacía tras el final del pasillo, rompiendo el casi absoluto silencio. Se detuvo, observando desde la sombra mientras que lo que parecían ser una gran cantidad de serpientes que parecía no tener fin comenzaban a dispersarse por todo el lugar - ¿Acaso te has olvidado de mi tan rápido? - Pregunto, esperando que reconociera su voz para ver como luego tapaba ligeramente su cuerpo desnudo con una simple remera de color blanco, sin prestar atención realmente a lo que había dibujado en ella.   - No me disgustaba ese panorama - Menciono dejando una pausa - Pero entonces jugaremos el mismo juego - Señalo, avanzando unos pocos pasos hacia la luz mientras un pequeño sonido se escuchaba, dejándose al descubierto mientras sacaba las manos de su rostro el cual había sido escondido tras una máscara de color blanco, con un rayo de color rojo atravesando su ojo derecho y una gran "sonrisa" dibujada en ella.


- Ha pasado tiempo desde la última vez - Menciono avanzando un par de pasos más hacia su posición, mirando el desorden que predominaba en el lugar - No has cambiado nada, ¿No es así, Shannaolette? - Pregunto, sin esperar una respuesta en verdad, de una u otra forma en el fondo sabía que no la obtendría. Dejo una pequeña pausa antes de continuar, volviendo al principio de la conversación - ¿Que acaso no esperabas mi llegada?, después de todo tú me mandaste a llamar, ¿Recuerdas? - Dijo, recostándose contra una de las frías y húmedas paredes, mirando fijamente a la mujer de largos cabellos plateados con una mirada que para su suerte no se dejaba apreciar gracias a su máscara. Una mirada completamente diferente a la cual veía a todos los demás, tal vez la única persona por la cual denotaba gran admiración y quién sabe si más. Pero aun así, no había tiempo para aquello, no dejaría que cosas como aquella nublaran su juicio, su misión. - Y bien, ¿Para qué me has llamado, acaso ha llegado la hora?, y... ¿Dónde están los demás? - Pregunto con curiosidad sin saber que esperar, sin saber cuáles eran los planes, después de todo, su llegada a la mansión había sido retrasada y había llegado unos días mas tarde de lo que debía, digamos que se había tomado su tiempo para llegar, por lo cual se encontraba levemente desinformado de la situación. Sin más, se quedó callado, esperando las palabras de la joven frente a el.

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MensajeTema: Re: Salón central. ~ La palabra sagrada.   Dom Ago 09, 2015 1:14 am

—¿Los demás? Pues ¡Presente! — Exclamé. Mi aliento invade el tímpano del joven camarada, acompañado del típico tono sarcástico característico de mi persona. Deslice mis brazos alrededor de la cintura del antiguo camarada, apretándolo fuertemente contra mi cuerpo. Mi cuerpo se materializó en el aire, instantáneamente, sin que algunos de los presentes se enterasen si quiera de mi presencia. — Estas mas inflado Steby, deberías dejar de lado los postres. — Digo a su oído, como un susurro burlón. Me aferro a el aun mas, casi asfixiandole. Mis ojos se desvían, ante la segunda figura cerca de mi lugar. La euforia de volver a ver a mi camarada de años me cego por un momento. Por escasos minutos olvide la verdadera razón por la cual emprendí un intrépido viaje desde el país del remolino hasta acá.

¿Cuantos años habían pasado ya?.

La cuenta se pierde como las estrellas en el día. El tiempo no resulta problema alguno cuando se tiene la mente puesta en una meta. Aquella meta que trace muy bien hace ya tantos soles y lunas atrás. Sunagakure...Kumogakure...dos de las cinco grandes naciones habían sido victima del primer paso en los eslabones de desafíos que poco a poco fui armando. Cuando justo en aquella luna llena, Cuando en compañia de aquella pieza de ajedrez sobornada, el cual resulto convertirse en una pieza tan importante en mi juego, Noro;  y del compañero que desde antaño ha cooperando en mis caprichos desde las sombras, Sterbern, interrogue acerca de cual era su mas grande anhelo en la vida, explicando que el mio no era mas que el de encontrarla con vida... a ella...

—¡Hermana.! — Exclamé en voz baja.

Mis brazos liberan a Sterbern, este liberando un gran soplo de aire de alivio. Mis pupilas se perdieron en las de ellas unos escasos segundos, mientras mi cuerpo se veía atraído hacia el de ella, dando pasos torpes y tambaleantes. Un grueso trago cruza mi garganta, mientras dejo caer una rodilla en tierra. Acaricio una de sus manos con delicadeza, sin ser digno de observar su rostro. Tantos años de culpa, tanto dolor acumulado, tantos errores cometidos. Ya no mas.

— He cumplido a la perfección tus ordenes. Efectivamente el escuadrón de anbu se encontraba en mision de reconocimiento en Uzushiogakure. Todo resulto como lo ordenaste, las aldeas del oeste se encuentran en el punto optimo que esperábamos. — Informe a la joven albina, la cual compartía el mismo rasgo sanguíneo pues; se trataba de mi hermana menor. Aun sentía en el pecho el dolor de hace 15 años atrás... cuando la perdi por primera vez-. Cuando sentí el dolor de perder la esencia y razón de ser en tu vida. Vendí mi alma al diablo en la locura y desesperación, pero; ahora que la tengo entre mis brazos, sé que mi vida le pertenece, y hasta el mismo demonio se las verá conmigo, si tan solo uno de sus cabellos de plata llegara a tocar, pues vivo para protegerle, vivo para servirle.  Encontrarla fue mi meta, y cuando la linea se es cruzada, no existe un horizonte declarado, por ello, mis sueños son los suyos, y su palabra es la ley.

—Cuando recibí tu llamado acudí aqui tan pronto como pude. Debo suponer que... es hora; o me equivoco?. — Infiero mientras me coloco de pie. Mi altura era mucho mayor por metros. Tan frágil y a la vez tan feroz. Tanto peligro encerrado en un pequeño cuerpo plateado, una pequeña caja de pandora humana. Dí unos pasos atras, encontrándome de nuevo justo al lado del pelinegro. — Tus palabras son ordenes; hermana. —

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MensajeTema: Re: Salón central. ~ La palabra sagrada.   Lun Ago 10, 2015 12:59 am



{1}
D A W N I N G

A R R I V A L


PEQUEÑOS chirridos retorcidos resonaban en el fondo del áspero cuarto, bajo las tinieblas y de la pintura gastada, como duendes traviesos disfrutando del infortunio de los presentes. Del mismo modo que la incandescente llama de una vela, el cuarto emanó una bruma en su centro cuantificando molécula tras molécula hasta volver aquel ente que traía consigo en una realidad. Tal y como un hechizo, la figura del cuarto miembro Akatsuki hizo su aparición, dándole la cara a la dama que llamaba su líder y topándose con la amargura de figurar ante su hermano: el innombrable y repugnante Sebastién.

En su cabeza una máscara peculiar lo dejaba en el anonimato, diseñada para plantar la semilla del miedo a aquellos que le hicieran frente. Una amplia boca sonriente se dibujaba en su superficie, mostrando más de unos cuantos dientes bajo delgados labios negros. El resto, compuesta de blanco titanio, sin detalle alguno más que dos diminutos orificios para el paso del oxígeno. El hombre movió su mano diestra bajo la túnica holgada que portaba, enseñando las puntas de sus uñas oscurecidas por un tinte tan negro como la corteza de una viuda negra. Lentamente retiró la fachada que protegía su identidad, dejando en el aire su cutis grisácea y sus delicadas y estructuradas fracciones. - Namasthae -  Pronunció con poca fuerza, moviendo los delgados hilos que caracterizaban sus labios. La tensión se hizo notar en el rostro de Noro, particularmente en sus ojos carmín, como bellos rubíes irradiando la luz de su odio. La potencia de su mirada era dirigida hacia el albino, de quien había sufrido la mayor decepción desde su último encuentro. Si bien Noro había logrado estar en términos con la jugada que le planto el destino, su cómplice y ex camarada acabó con la pizca confianza que había llegado haber entre ambos. Apretó su puño desocupado bajo la longitud de la manga que la cubría, encajando las yemas de los dedos en el centro de su palma. Con la mirada fija, agachó su nuca un poco, sin parpadear. - Un gusto verte de nuevo, Shannaolette. - Saludó con un tono rasposo. Al instante regresó a rectitud, sobresaliendo por algunos centímetros de los presentes. No dejó la incomodidad interrumpir su profesionalismo, pues trataba los asuntos de la organización con debido respeto. Seguido, escondió la máscara bajo su ropaje, intercambiándola por una bolsa de gran tamaño cuyo extremo se encontraba atado con una soga. - Traje lo que me encargaste. Espero que sea suficiente... fueron meses de recolección. - Dijo apático, enviando la bolsa de tela al suelo, dejándola impactar antes de arrojar un senbon para cortarla y derramar su contenido. Cantidades de monedas doradas, diversas joyas y piedras rodaron en el piso revestido de la vejez que le había otorgado los años y el abandono. - Vaya contraste. - El peli negro volteo a su costado donde podía sentir la presencia de chakra de Sterben, lo examinó y regresó su atención a la dama. - Creo tener información valiosa sobre algunas fuentes de chakra poderosas. Además de la condiciones que invaden la aldea de la Nube, sin embargo podemos hablar de eso después y pasar al tema central de esta melancólica reunión. - Interrumpió el camino de su vista, llevándola a Sebastién por un segundo antes de regresarla a la albina. Terminó con una sonrisa neutral, a semejanza de la mismísima Gioconda.

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MensajeTema: Re: Salón central. ~ La palabra sagrada.   Miér Ago 12, 2015 3:48 am

El eco de los pasos resonaban alrededor de la sala completa, uno tras otro, pacientemente el enmascarado se abría paso a través de los pasillos de aquel recinto que ahora moraban los ignotos. Eran recuerdos lejanos y también los primeros del caminante, la lúcida tortura mental que lo había llevado a transformarse en el ser que era ahora, mientras que la esencia del que alguna vez fue conocido como “Shiva” había sido enterrada, en un punto muerto dentro de un campo lleno de choques y corto circuitos eléctricos donde solo algunas decenas de neuronas aún brillaban con intensidad, el resto, una masa de ideales y decisiones impredecibles. Hacía tiempo que todo había comenzado, los esfuerzos por tratar de quebrantar físicamente al antiguo Hokage por parte de la albina habían sido notables, más sin embargo nulos. Ante su fracasó, la albina no tardó casi nada en encontrar formas más meticulosas de llegar al mandatario, con el uso de todo tipo de drogas y sustancias. El constante abuso de drogas le provocaron toda clase de alucinaciones, con el tiempo la albina logró moldear poco a poco hasta que el prisionero comenzó a soltar los más profundos secretos de su ser. Finalmente, el uso excesivo de sustancias le provocaron un brote de psicosis y solo meses de tratamiento médico lograron controlar el severo daño psicológico causado y fue en la cúspide de su rehabilitación en donde el paciente tuvo que hacer una vital elección: Aferrarse a lo que quedaba de sí mismo y permanecer en un estado vegetal o eliminar todo atisbo de quien había sido y renacer como un nuevo ser en este mundo. Sin duda no era una decisión fácil, pero tampoco lo era difícil y el Kaguya escogió, aquel fue el día en que murió el Hokage, eliminando sus recuerdos y sustituyéndoles por el odio que la albina le había ofrecido, dejando atrás su esencia a excepción de un único factor: Venganza.

Un nuevo Kaguya se irguió, renacido, en un estado inestable y más semejable al comportamiento nato de su clan, pero dentro suyo yacía con una determinación, más feroz de la que jamás pudiera haber tenido y entonces Shiva volvió a caminar sobre la tierra, ahora bajo el nombre de “Hohenheim”.
Este fue el resultado tan esperado y se cumplieron las expectativas el día que Shannaloette y Hohenheim se vieron por primera vez, se le permitió creer que interferíria bajo sus propios intereses pero en el fondo sabía que se encontraba ahí a causa del juego de la albina, un juego que aún seguía jugando, un juego que aún era capaz de ganar ¿El premio? El sufrimiento que le causaría al mundo en busca de su propia satisfacción.
Su trayectoria termino entre susurros y recuerdos, frente a él se encontraban las cuatro sombras ignotas que moraban el lugar junto a él, los tics que le hacían abrir y cerrar los puños y ladear la cabeza se intensificaban en su presencia, parecía que la reunión había comenzado y cada uno de los miembros lanzaba palabrerías en el intento de crear un acto de ¿socialización? El ignoto los miro en silencio, su mirada se enfocó a lo único que le evocaba respeto en aquella habitación, la albina. Un sinfín de voces de alzaron dentro de su cerebro, aclamando la llamada del destino, el peli-purpura comenzó a alzar la mano a la par que su ojos trataban de entrediñarse con los de su ama.
–Anillos… muerte…-

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Última edición por Acarlight el Sáb Ago 15, 2015 2:24 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Salón central. ~ La palabra sagrada.   Vie Ago 14, 2015 9:32 pm

Sus iris, como cristales rotos del paraíso del jardín del Eden, señalaron el corredor posicionado a su siniestra cuando el sonido nació como una ligera molestia disonante en la habitación. El eco de las pisadas al acercarse, como viajero allende, generaba una intensidad sólo silenciada por la cacofonía exterior, mas trayendo consigo y en consecuencia el cese del sosiego circundante una vez los pasos agigantados y el ligero susurro que acompañaba su marcha eran obvios vaticinios sobre quién era la persona que las producía.
El sonido de su respiración a través de la máscara sobresalía sobre el conjunto, y sólo el murmullo de las serpientes al arrastrarse por los azulejos desgastados bastaban para darle la atención que su entrada exigía. Así, lo primero de él en aparecer fueron las delgadas líneas de su contorno, para instantes después dibujarse el resto de su figura.
Sus vocablos, emitidos en lapsos intermitentes y cuyos roncos ecos resonaron por el lugar, tuvieron como consecuencia la turbación de las luciérnagas allí apolilladas, convalecientes y cobijadas en la comodidad del silencio. Como pequeñas centellas sobrevivientes de una gran llamarada, sus luces resplandecían frágiles como un suspiro, ahogadas en las tinieblas circundantes pero sobreviviendo gracias a ellas.
.- Buenos días. - Dijo Shannaolette, cuyas palabras fueron como un suspiro dicho al aire olvidado entre las expresiones del enmascarado. Ataviada en el agobio que las formalidades significaban para su ser, y prohibida del jolgorio tan asiduamente disfrutado que para ella había llegado a ser últimamente el silencio más arcaico, dejó escapar un dejo del desafuero interior que la consumía y repitió, casi gritando: - ¡Buenos días, dije! - Y en los segundos posteriores incluso el más débil de los sonidos cesó, como pequeño intermedio previo al desglose.

Sólo entonces el timbre de su voz resonó entre los muebles desgastados, atravesando sus tímpanos en el proceso y rebotando en las paredes carcomidas por la humedad, hasta que lentamente su eco disminuyó en volumen hasta extinguirse en el olvido. Pudo sentir la tensión en sus músculos al distinguir su físico en la posición aledaña, e incluso en lo más profundo de su garganta pudo llegar a degustar el sabor de la bilis atorada.
.- Desgraciado. - Pronunció brevemente la albina, en un efímero bisbiseo cuyo destino final sería verse consumido entre la creciente disonancia generada por el cuchicheo de los presentes, pero con gratitud hacia el amparo que por ende generaba dicho refugio de intimidad, y saboreó, aunque entredientes, los múltiples sentimientos que se expresaban en el solitario encierro de dicho adjetivo.
Sus retinas vidriosas grabaron cada uno de los movimientos que Sebastien llegaba a realizar, y su obsesión, alimentada por el más puro de los rencores, memorizaba con escrutinio incluso el suelo por el que el peliblanco caminaba. Incluso detalles de los que antaño jamás había sido consciente de que este tuviera generaban en ella los más bajos desafueros; El histrionismo de sus actitudes, con esas maneras tan propias de él, el tono de su voz, la ligera acentuación inconsciente de las palabras, todo en él llegaba a parecerle despreciable, e incluso las minucias de su porte que antaño habían llegado a fascinarle, como esa permanente sonrisa socarrona dibujada en su rostro, ahora generaban en ella una dicotomía de sensaciones mezcladas entre el más arduo resentimiento y la más profunda intimidación.

Fue entonces cuando sin ella llegar a tener la posibilidad de negarse, sintió el roce de su piel con la propia y durante unos breves segundos, que su mente interpretó como eternos, la incomodidad llegó a ser palpable en la expresión de su rostro. Deslizándose suavemente por su mano, esta pudo sentir, reflejado en las yemas de sus dedos, el latir de su corazón; Y fehacientemente supo que su hermano no era aquel recuerdo borroso que había creído ser, sino aquel hombre que se postraba frente a su ser, y sin necesidad alguna de llevar a cabo distintos métodos para comprobar la veracidad de los hechos, notó que aquel afecto que su hermano le expresaba provenía desde el cariño más sincero, que incluso en sus ojos, que como perlas gustaban de resaltar en la luz de la luna, se percibía el afecto y el amor que le tenía.
.- Sebastien... - Alcanzó a recitar ella, dejando espacio entre cada sílaba pronunciada para que pudiera notarse el cariño que ella le profesaba. - Te extrañé mucho, ¿sabes? - Atrapada en el tartamudeo, continuó incluso con la voz rota por la emoción, y mientras una lágrima teñida de negro recorría su mejilla, solitaria en su romería, prosiguió. - Te fuiste y me dejaste sola y yo, que alzaba la vista para admirarte, para comprenderte, me vi iniciada en la soledad en unas tierras que no me comprendían. Poder verte hoy a los ojos, para mí, es como ver el sol nacer tras el lejano horizonte. - Hizo una pausa y, dubitativa, retomó sus palabras. - Ashara, Sesshomaru, Shiva... Todos han sido tan malos conmigo. - Y con suavidad sus dedos emprendieron un viaje entre su cabello, recorriendo el mismo con la suavidad que sólo podía proferir una hermana menor. Sus iris se clavaron en sus ojos, y cuando él realizó lo propio y sus miradas en cruzaron, sus falanges, con la fuerza de un tigre, se clavaron en la nuca de este mientras un rodillazo viajó a su encuentro con una velocidad sólo alimentada por el más profundo de sus rencores. Ansiosa de retribución, en dicha acción quedó plasmada su personalidad encabritada y hambrienta.
Lentamente, y saboreando el cometido, la yema de su pulgar se deslizó con paciencia por uno de sus pómulos, retirando resquicio alguno del pequeño efluvio de sangre que pudiera haberla alcanzado en consecuencia. Flexionó sus rodillas hasta estar a la altura del cuerpo desfallecido, y cuando las comisuras de sus labios se encontraron con su oído a escasos centímetros, le dijo, irónica. - ¿Pero adivina qué? Yo he sido peor. - Cada segundo que su hermano permaneciera en esa posición de debilidad a ella le generaban un jolgorio similar a la gloria, y con una larga sonrisa en su rostro, exclamó, airada. - No peleas de vuelta, ya veo. Quizá sí seas mi perrito leal, pero espero que lo aceptes. - Pronunciaba mientras se incorporaba. - Tú ya no llevas los pantalones en esta familia, yo los llevo, pero puedes llevar mis panties. - Concluyó.

Mientras se alejaba, con brillo en sus ojos, centró su atención en el primero de los llegados nuevamente. - Ese pedazo de basura tiene razón, Sterby, estás gordo. - Y los ligeros movimientos del peliblanco al incorporarse se mezclaron con los pasos de otro de sus conocidos, uno al que ella encontraba fascinante por el misterio circundante a su personalidad, considerándolo quizá su favorito en la colección recientemente adquirida. Escuchó sus palabras, primero desconocidas y luego, en castellano, pero igualmente ignoró aquello posterior a su introducción, restándole cualquier resquicio de importancia. - Como digas, Noro. Luego nos mandas la traducción por fax. - Respondió con desdén, independientemente de lo que este hubiera llegado a mencionar en verdad. Su vista recorrió a los presentes, y sus ojos se encontraron con los de ellos a medida que con escrutinio los recorría, impaciente ante la visión cercana de los engranajes que servirían en su búsqueda de conquista. - Ya estamos todos aquí, ¿acaso este hecho no los...? - Mas antes de llegar a comenzar, se vio interrumpida por la aparición de una última persona, comodín de sus planes, que ella, regocijada en la visión de los affaires que se llevarían a cabo, había perdido noción de su existencia. Como muerto caminando entre los vivos, en la infinita soledad de su mirada pudo ver los años de dolor sufridos y por primera vez sus iris, como fiel espejo del alma, exteriorizaban sus sentimientos. Pudo ver el reflejo de lo que había sido en el pasado en ellos, el mundo lo había encumbrado muy rápido, y con la misma velocidad lo habían olvidado. Muerto, para todos, salvo para ella. Su destino había llegado a ser peor que la muerte, sometido a una mujer que resquebrajaría cada pedazo de voluntad restante en su ser. Sentía su presencia reflejada en los instrumentos sobre su cuerpo y las drogas que obligado debía consumir, y perdido entre cavilaciones reticentes al olvido y agonías pasajeras pero constantes, lo único que deseaba, con la humildad de quien lo ha perdido todo, jamás le sería dado. Todo lo que él era como persona había sido retorcido, consumido por una suerte de pandemónium de cabellos plateados. - Me había olvidado de ti, Hohokum, Shiva, o como quiera que te llames ahora. - Mencionó ella con una sonrisa, para empezar a decir aquello que rogaba por ser dicho, aquello que reflejaría el único objetivo de Akatsuki.

.- Ahora que en verdad estamos todos aquí. - Hizo énfasis en dicha palabra, mientras sus rodillas se flexionaban y se sentaba entre una pila de libros aledaña. - ¿Acaso este encuentro no llega a maravillarlos? Porque he reflexionado bastante al respecto sobre qué somos y sobre quiénes somos. El 'qué somos' es sencillo de responder: Akatsuki. ¿Pero 'quiénes somos'? Eso lo veo fascinantemente complejo. En definitiva, somos gente que se ha hecho cosas aterradoras los unos a los otros, nos hemos traicionado, nos hemos torturado, incluso nos hemos matado entre nosotros. Hemos hecho las cosas más bajas que un ser humano puede soportar y siendo honesta, el único de aquí que me genera cierta simpatía es Noro, y eso se debe a que usa una máscara y habla chistoso. - Hace una ligera pausa para tomar aire y en la mencionada, aprovecha para pasearse entre los ojos de los presentes. - Eso es lo que encuentro fascinante, somos gente que se ha hecho cosas aterradoras los unos a los otro y ahora, bajo mi ala, estamos todos unidos... Para hacerle cosas aterradoras a alguien más. - Una sonrisa sobresale en su rostro, y el brío que la misma demuestra deja entrever los dejos de confianza que la albina posee. Indiferente, lanza un estuche que al impactar contra el suelo se arrastra unos segundos hasta que se detiene en los pies de Sterben. - Lo prometido es deuda, he ahí sus anillos. - Vuelve a centrarse en el tema. - En los últimos años he visto a los ojos a sos falsos ídolos que se proclaman los mejores ninjas de sus respectivas aldeas, los Kages. Me enfrenté a dos de ellos y en el proceso he visto sus ojos brillar por el miedo que genero cuando enarbolo mi espada, y a los dos he podido derrotar; El primero de ellos escapando en el proceso y el otro, sin tanta suerte, está viéndome hablar en este momento. - Levanta su diestra y con sano sarcasmo, saluda al Hokage. - Oh, Shiva, ¿cómo estás? - Otra pausa. - Esos falsos ídolos, que siempre creerán yacer en el lado de la virtud, que siempre tendrán una justificación a mano para decir que su juicio es el correcto, que siempre que asesinan a alguien esconden lo disfrutado bajo el lema "obligación". A todos ellos los vamos a atrapar, y convertiremos todo lo que ellos llegaron a ser en pura vanidad. Destruiré los sueños en esas palabras que llegan a gritarse, en pos de ver a sus héroes elegidos ascender, destruiré sus ambiciones hasta que sólo sean un efímero recuerdo de su ego, sus logros, su moral inexistente, incluso hasta el más lejano de sus allegados si es necesario. No me importa qué es lo que representan, todos van a caer ante nosotros, ante Akatsuki. No fuimos señalados por un dios convaleciente que nos mostró en su sabiduría que nuestro futuro es grande, no contamos con trágicos pasados que nos marcaron el camino a seguir, porque nosotros sabemos que los delirios de la subjetividad hacen de esos conceptos simplemente términos ambiguos. Nacen por la palabra y viven gracias a ella. ¡La única moral que realmente importa es la mía! Ellos ya no están peleando contra los designios de dioses despiadados, ellos están peleando contra algo mucho peor. ¡Ellos están peleando contra Akatsuki! - Toma aire. -  Y puede que en un año y medio yo ya no esté con ustedes, pero les aseguro algo: ¡Cuando acabe con esto, ellos podrán vender sus almas al diablo pero sus traseros pertenecerán a Shannaolette Alquoir! Cuando sea dueña y señora de todas las tierras, y deban levantar la vista para verme, ellos dirán en voz alta lo que siempre yo he sabido. Su tiempo. Se. Acabó. Y entonces todos se darán cuenta de que Shannaolette no jodió a Ashara, Shannaolette no jodió a Sesshomaru, Shannaolette no jodió a Shiva; Ashara jodió a Ashara, Sesshomaru jodió a Sesshomaru y Shiva jodió a Shiva. - Finalizó, y antes de ponerse de pie nuevamente, le dirigió brevemente la mirada a los presentes por última vez, siguiendo sus recorridos y esperando sus respuestas antes de retirarse.

_________________

Te rodearán en el agua hasta que vean rojo.
Yo soy el monstruo que tus padres te dijeron no existía.



Hombres normales perderían el sueño
ante meros pensamientos de danzar con la muerte.
La Guerra, la Justicia... Ese es su juego.
Pero a mí también me gustan los juegos:
Guerra, ese es mi favorito.
Mi alma sonríe ante el pensamiento
de sus manos temblorosas enarbolando esas pequeñas banderas blancas.
Ustedes tres han elegido una hermosa colina en la cual morir.

Sean cuidadosos invitando al demonio a su jardín,
porque puede que le guste y decida quedarse.
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MensajeTema: Re: Salón central. ~ La palabra sagrada.   Dom Ago 16, 2015 3:49 am

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[ I ] —  Frère et Soeur

Seda. Su piel es como la seda. Fina y delicada, cual exótica prenda para lucir. Delirio. Su mera existencia significaba todo para mí. Escucho sus palabras. Su voz no ha cambiado en tantos años. ¿Hacia cuanto ya había abandonado mi linaje aristócrata? Los recuerdos se pierden entre mi memoria. Como si tratara de tomar uno entre mis dedos y aferrarme a él, como una preciada joya, pero; todos se pierden en el vacío, cobrando forma y aclamando mi nombre. Con la misma voz tartamuda y afectuosa.  Solo me limito a asentir, mientras escucho las repetidas palabras que desde entonces ha estado revoloteando en mi psique. “Abandono”
Si, asesine a nuestros padres. Soy culpable de clavar entre sus cejas la daga que acabo con sus miserables vidas en el acto. Esa imagen. Como si pudiera verme en un plano astral a mí mismo. Sonriendo sádicamente, mientras una y otra vez introducía el objeto punzante bajo su carne y con goce penetraba cada vez más profundo hasta sacar las vísceras de cada uno.  Esa imagen movida, fue la única que me siguió tantos años, pues después de ella, solo encuentro oscuridad. Siempre pensé que un aumento de adrenalina había abusado en contra de la única joya en mi vida, imitando el mismo acto sanguinario que aplique a nuestros padres. Pero no. Ella estaba tan viva como ahora mismo, pues siento su cálida mano acariciando mis cabellos y nuestros iris encontrándose mutuamente, compartiendo nuestros demonios en nuestros ojos. Vi sus pecados, sus intenciones, sus anhelos… sus miedos.
Perdido en el vaivén de sentimientos efímeros, evadí el notar del cambio brusco en su ser, mientras, un inesperado golpe tumba mi cuerpo de una forma humillante tras ser sujetado por mi nuca. Llevé mi mano a mi mejilla, mientras una sonrisa se escapa sínicamente, oculta bajo mis cabellos plateados. — Que tanto has cambiado, hermana mía… — Se escapan las palabras en susurros, mientras escucho sus vanagloriadas palabras tras arremeter en mi contra.  ¿Era esta la continuación de mi castigo por abandonarla? Ser tratado cual perro callejero, incluso peor. Rebajarme ante tan ruin humillación. Verme a mí mismo tirado en el suelo, tratando de asimilar el dolor.

Si.

“Conozco el infierno, y no es tan Benevolente “— Pensé.  Rasgos de sombras inundan mi mente, mientras recordaba el abismo en el cual había caído, tocando fondo. Si, sentí la ansiedad en carne propia. La demencia apoderándose de mi cordura. Las violentas ráfagas de agonía y desesperación. La desesperación inundando mi ser. La violencia cegando mi juicio y mi razón. Conocí la miseria humana, presente día a día. Voces que llamaban en algarabía desde las entrañas de mi cabeza. Mientras andaba Sin rumbo; sin propósito.

Sin vida.

— Esto es una caricia en comparación a lo que viví en el exilio— Masculle, procurando que mis palabras no fueran escuchadas, mientras me recomponía lentamente, apoyando mi rodilla al suelo para incorporarme de pie nuevamente. Paralelamente, escucho sus canticos de victoria, al afirmar quien era ahora el pilar de la familia. — Mientras me seas necesaria, puedes ser lo que te dé la gana. — Dice una voz en mi cabeza. Un alter ego. “Otro Yo”. La secuela de mi perdición, Bipolaridad. Esa otra personalidad fría, sanguinaria, sarcástica, infantil, calculadora, relajada y sobretodo escalofriante… Ese “Yo”; el cual se había convertido en mi día a día. — Mientras tus cadenas me liberen, considérate la reina de mi cuerpo… Pues solo hasta entonces…— Repite la voz en mi cabeza. Era esta acaso mi verdadera faceta; Undertaker, pues Sebastien solo existe para Shannaolette. Ella descendió su mano al abismo  y rescato los trozos de mi ser que aun intentaban sobrevivir. Apenas con la esperanza de encontrarla con vida logre cometer actos trascendentales, ahora con ella a mi lado, era como una dosis de un elixir de vida, de control, de razón. Saboreaba el momento, Mientras ese elixir de delirio corre por mis venas; solo es cuando, en ese preciado instante puedo entonces…. Vivir.
¿Valía la pena?

[ I I ] — Colère derrière votre sourire


Me mantuve aferrado sobre mis pies. Callado. Pero con la sonrisa plasmada en tinta indeleble en mi rostro. La ansiedad se hacía presente nuevamente. Poco a poco mi garganta se fue encogiendo. Haciéndose más áspera. La sed se hizo presente. Esa necesidad que no era saciada por ningún tipo de líquido. Me invadía la necesidad de hacer lo que mejor sabía; impartir caos, el mismo que mantuve en mi interior tantos años. La periférica capto su presencia. No logre anticiparlo. Pero su silueta lo delató.

La perturbadora sonrisa fue despojada de su rostro, dejando al descubierto su grisácea piel. La comisura de mis labios casi toca mis oídos; mientras que en un impulso del momento, sentí la necesidad por dirigir mi cuerpo hacia él. Fueron pasos lentos, casi torpes, mientras mi mirada, ahogada en un mítico halo amarillento, se clavaba en su ser. — Hola, Noris. — Sisee en un tono áspero y apenas audible cuando el sujeto termino de reportar sus hazañas y enseñando la fructífera recolecta monetaria que logró recaudar. Levanté el flequillo plateado que obstaculiza mi vista para visualizarle mejor.  — Dime, recibiste el regalo que con tanto aprecio te mande hace algunos meses ¿o no? — Balbuceaba, claramente incitando a la sátira y al sarcasmo, provocándole al mismo tiempo. — Sabes, esa pequeña marioneta con tu forma. Para celebrar el día en que te conocí — Dije, no logrando evitar escapar una clara risa burlona la cual oculte llevando mis manos a mi boca, ocultando la misma con ayuda de mis holgadas mangas — Incluso logre tallarla con tu misma expresión, sabes; esos ojos saltones al ver tu vida amenazada. Épico. — Me acerque hasta en frente del pelinegro, apenas logré escuchar las palabras de Shann a mis espaldas haciendo referencia al recién llegado, al cual no pareció darle mayor importancia. Rete con mi mirada a sus ojos. — Perdón, no logro dejar ir los chistes cuya gracia trascienden en el tiempo. — Mi voz se tornó más fría. Había abandonado la burla para enfocarse en mantener al sujeto a raya, pues; varios desagradables sucesos ocurrieron luego de revelarse aquella farsa con la cual fue prácticamente obligado a realizar todos los actos que quise que cometiera. — Lo sé. Encontraste tu verdadero yo junto a mi, Noro; Recuerda siempre tu gran deuda para conmigo, aquí eres libre,  de lo contrario mi querido amigo, seguirías de sumiso sirviendole a … — Mi discurso  es interrumpido por la presencia del último miembro el cual finalmente arribó. — Hablando del diablo. — Sonrío mientras observo su figura acercarse.

Sus pisadas, tan lentas como su andar, pronto develaron la figura del mas icónico miembro en la organización. Todo rastro de lo que “era” Shiva fue aniquilado, y la nueva apariencia del mismo lo demarcaba a leguas. Era este el antiguo rival que con euforia combatió contra mí, cuando logré imitar su apariencia con una básica técnica de disfraz.  Me vuelvo hacia Noro — Una imagen “viva” dice más que mil palabras — Dije, haciendo énfasis en la palabra que hacía alusión a la vida del sujeto, pues; era lo que más le escaseaba en este momento.  Admiré nuevamente el potencial de Shannaolette. Noté nuestro increíble parecido, y a la vez tan distantes formas de actuar. Mientras yo me aseguraba de acabar con la vida de Shodaime Raikage, ella no se limitó a actos tan mundanos y poco artísticos, sí; ella creó una obra de arte. Recordé como menciono como este sujeto le produjo malos ratos… ¿El castigo? Esto; un ser que ahora conoce el infierno del que provengo.

[ I I I ] — A k a t s u k i


Un cúmulo de polvo rodeó el anillo que me correspondía, El tigre blanco; lo deje caer sobre la palma de mi mano, admirándolo algunos segundos antes de ocupar el lugar correspondiente en mi diestra. Volví mis ojos hacia mi hermana. Escuche sus palabras. Un discurso tan elocuente como si se tratara de algún político en campaña. En él menciono aquello que tanto esperábamos escuchar, y el motivo por el cual estamos hoy aquí reunidos: Propósito.
Cada uno de nosotros conocía aquellos “ingredientes” necesarios para cumplir con el éxito, y con el mismo, satisfacer cada necesidad individual. Sin embargo, desconocíamos a ciencia cierta el verdadero fin de nuestra existencia. Todo se había revelado. No me equivoque, si era la hora de actuar. Me encontraba apoyando una de mis piernas sobre algunos libros viejos de páginas amarillentas, reposando mi cuerpo sobre mi rodilla, apoyado el mentón y manos sobre mi fiel guadaña ósea  — Puedes darlo por hecho, Hermana. —  Digo haciendo mencion a la  frase " Su tiempo. Se. Acabó" tras la breve pausa de silencio posterior al discurso de la albina. — Cada uno de nosotros — Observo de reojo a Shiva, quien yacía jadeando notablemente dado al contorneo de su pecho y con sus pupilas perdidas sin parecer estar completamente ubicado en tiempo y espacio — Bueno, casi todos. — corrijo, volviendo mis ojos hacia el frente.  — tenemos los motivos suficientes y la convicción necesaria para estar aquí, bajo tus órdenes, algunos voluntariamente, otros no tanto — observo a Noro — Pero personalmente me aseguraré que tus deseos sean un hecho querida Hermana, nadie se interpondrá, después de todo, soy tu perro fiel… ¿No? — Era desafiante mi voz, incitando a la desconfianza. Como si solo trozos de sarcasmo salieran por mi boca — Aquel con el suficiente coraje para siquiera intentar ser una pequeña piedra en nuestro camino…pues — Acaricie con mis dedos el filo de la oz, suavemente. Aquella misma daga en forma de media luna que inicio todo, no pude abandonarla, se convirtió en mi estigma. — se las verá conmigo no debes ensuciar tus manos nunca más. — Dije con una inusual calma y un tono escalofriantemente relajado, casi tenebroso. — Sírvase estas palabras también en copa de vino para ustedes camaradas — Sonrío. Me vuelvo hacia los presentes lentamente, observando de reojo a cada uno de ellos, vigilando sus expresiones corporales  — Digo, por si alguno de ustedes se le cruza por la mente el cometer  alguna… imprudencia. — Finalice mis palabras, incorporando mi erguida posición. Sabía que no había más que decir, salvo entrar en acción.  — Sterbern — Le llamo por primera vez por su nombre de pila sin diminutivos — Te estaré esperando al alba en donde la cresta golpea el cuarzo. Sabes que no es recurrente en mí llegar tarde —Dije, observándole seriamente a mi compañero. Cada quien sabia su próxima labor, solo era cuestión de actuar de inmediato.  Volví hacia Shann, a la cual dirigí  una última mirada de afecto — Hasta pronto, Shannaolette. — apenas fue audible mi última frase, pues mi cuerpo se había desvanecido, no sin antes darle una ultima fria mirada, la cual reflejaba una cosa: Odio.  



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MensajeTema: Re: Salón central. ~ La palabra sagrada.   Vie Ago 21, 2015 12:28 am

Recién empezaron las voces estás comenzaron a entremezclarse, una con la otra provocando sonidos abstractos y agudos, unidos en una sinfonía que solo era interpretable por el Kaguya. No siempre escuchaba de aquella forma, pero al parecer en aquel momento, lo hacía. Comenzó a tambalearse lenta y suavemente, como el movimiento pasivo de una cuna. Las sombras danzaban en contra juego a la luz lunar que desbordaba a través de aquellos orificios que el tiempo había dejado en el techo y las paredes. El tic de la mano izquierda estaba a punto de quedarse en sueño pero la palabra resonó alrededor de todo su cráneo, como si rebotará entre las paredes de su cabeza.  Apareció en forma de eco y a diferencia de las palabras anteriores de la peliblanca, está había sido captada de forma completamente ¿Normal? “Shiva”. El eco fue aumentando progresivamente de forma rápida y escandalosa, dentro de su cabeza comenzaron a sobreponerse una serie ínfima de escenas que ni si quiera llegaron a ser materiales, desaparecían en el mismo momento que aparecían. Hohenheim soltó un quejido casi insonoro en forma de reproche, un fuerte tic le apareció en las manos bruscamente, haciéndole abrir y cerrar las manos una y otra vez sin cesar. La cabeza también se le agitaba de un lado a otro, aquella palabra seguía resonando estruendosamente dentro del Kaguya, repitiéndose una y otra vez, sin tener sentido alguno. Kaguya comenzó a volverse anexo al mundo que le rodeaba, rodeándose en un panorama completamente negro y de pronto sintió como si no supiera quien fuera, como si en aquel instante Hohenheim y a su vez cualquier atisbo de Shiva hubieran sido totalmente desconectados. Se quedó inerte, en un mundo obscuro y silencioso en donde lo ideales no tenían lugar. Un escarmiento hacia el cerebro, la muerte de otra neurona.

Fue el sonoro de otro ignoto quien liberó al akatsuki de la atadura de su coma, los colores regresaban al mundo. Al recobrar el sentido, Hohenheim observó la estela blanquecina que mantenía hendida al aire, una pequeña caja. Otra estela retiro un anillo blanco de la caja y se desplazó hasta dejarlo en manos de aquel que había roto la prisión mental de Hohenheim. La estela de la caja se borró y está comenzó su descenso, a la par, el cuerpo del Kaguya se desvanecía entre sobras, como un espectro producto de su velocidad. Su cuerpo reapareció metros adelante, sosteniendo la caja antes de que está cayera al suelo. Retiro a El vacío y lo miró con idolatración, como si recuperará una parte perdida de sí mismo. Aquel anillo azulado representaba un paso en la confirmación del Kaguya como un nuevo ser. Dejo caer la caja sin importancia, pues ahora carecía de valor para él, en consecuencia, los anillos restantes quedaron desparramados, brotando fuera de la caja debido al impacto.

Su caminar le dio la espalda a sus compañeros, Sebastien ya se había retirado de la escena y Hohenheim pretendía hacer el mismo acto. Sus pasos le llevaron a las afueras del recinto, donde la luna era ya opacada por nubes grises y un tímido manto de agua comenzaba a ponerse por encima de la zona. El Kaguya salió al exterior, dejando correr la lluvia helada a través de su cuerpo. Tomo asiento en los escombros de lo que había sido un gran pilar y observó que el tic aún le permanecía levemente en la mano izquierda. Se colocó a El vacío en el meñique y cesó.

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Salón central. ~ La palabra sagrada.

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