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 Misión rango D. El ritual.

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Estatus Misión rango D. El ritual. Ssqj6INMisión rango D. El ritual. X5krHxB
Especialidad Fuinjutsu
Naturalezas Misión rango D. El ritual. 4JuLgvIMisión rango D. El ritual. MOQYpUEMisión rango D. El ritual. EH0PJ3K
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MensajeTema: Misión rango D. El ritual.   Misión rango D. El ritual. EmptyVie Abr 10, 2015 12:00 am

Misión Rango D.
El ritual.
Ha llegado el momento de realizar un ritual en la aldea de Kirigakure, es una tradición desde hace tiempo y se repite cada cuatro años, cada cuatro años se elige a alguien para ir al templo abandonado en los alrededores de la aldea y traer la urna antigua necesaria para el ritual, se sabe que este año se planea robar la urna, has sido elegido para traer y proteger la urna hasta que llegue a su destino.

Con su rostro bajo el efluvio venidero desde la canilla superior, Naoto enjuagaba su negro cabello con el ímpetu compartido que había visto veces anteriores en mujeres que descuidaban tal acto básico en el ámbito personal de uno, sin embargo si ella compartía la emoción y preocupación por la parte de su cuerpo mencionada, es porque en la misión anterior, misma que había cumplido escasas horas atrás, había caído en el agua del mar, y todavía sentía la sal impregnada en cada recoveco de su cuerpo. No le gustaba estar sucia, y eso era algo que nunca cambiaría, razón por la cual incluso cuando agua caliente se agotó y la lluvia que caía sobre su ser se convirtió en algo helado, que haría tiritar y salir disparado a cualquier otro individuo, ella permaneció allí, refregando con esmero sus partes púbicas, enjabonando su cabello, y sólo cuando hubo finalizado esa acción, sus dedos se enredaron sobre la canilla del agua presuntamente caliente, y cerraron el grifo, dejando un ligero goteo que tras escasos segundos dejó de poder escucharse. Abrió la cortina de la bañera y rodeó su cuerpo con un largo toallón que dejaba sus piernas visibles y al aire. Una vez hubo secado su cabello, sintió tras de su ser una presencia que la perturbó, mas cuando volteó a ver quién era se encontró a sí misma viendo la pared, donde las gotas de la humedad aún resbalaban por los azulejos de la misma. Una vez volvió la vista hacia delante, ahí sí pudo ver a quien la observaba, tal cual cliché de película de horror de bajo presupuesto. Un hombre calvo, cuya papada era cubierta gracias a su ligera barba incipiente de color blanco, y cuyo estómago prominente sobresalía inclusive de la larga remera que llevaba puesta, estaba parado frente a su ser, con la espada de Naoto, Sento, entre sus manos, y utilizando el arma mencionada para para amenazar a la pelinegra, misma que sólo pudo reír ante tal cometido. - ¿Qué quieres? – Preguntó ella, consciente de que su sonrisa socarrona aún yacía impregnada en su rostro, en la búsqueda de intimidar y, por ende, darle el coraje suficiente a este tipo de realizar una estupidez. – (Hombro gordo) ¿Que qué quiero? – Respondió. – Lo que quiero saber es dónde está la runa. No está en el centro de la aldea, y no está donde debería estar. Respóndeme y no te mataré. – Una vez el hombre terminó de hablar, Naoto decidió responderle. - ¿Por qué supones que la tengo yo? – A lo que: - (Hombre gordo) Supe por medio de un espía que a ti te encargaron protegerla, pedazo de puta. – Dicho esto, Naoto prosiguió. – La urna la tengo yo, supe que ustedes eran tan tarados como para querer robarla el mismo día o un día antes del ritual, así que me la traje a casa dos meses antes. – Mintió: Habían sido tres meses. – Es cuestión de ser precavidos. Ahora, si no te molesta, tengo que cambiarme. – La pelinegra avanzó, sin embargo el hombre gordo cortó su paso, a lo que ella dijo. – Si revisas con cuidado, verás que la espada que sostienes entre manos poco daño puede hacerme a mí. Intenta corroborarlo y te partiré los dientes, eso sí. – Sin embargo, a pesar de su advertencia, el hombre gordo intentó poner a prueba la afirmación de Naoto, y se lanzó al ataque. La pelinegra evadió los dos primeros cortes perpendiculares del calvo, y sólo el tercero la tocó, porque ella así lo quiso, sin embargo el filo de su katana no atravesó su cuerpo. - ¿Qué te dije, gordo? Yo sabía que vendrías, así que me ahorré la molestia de ir a buscarlos. Ahora sólo te romperé los molares e iré a entregar esa urna que hoy es el día. – Como un rayo, su puño se estrelló contra los dientes del calvo, cuyo nombre nunca fue revelado, y la parte inferior de sus dientes salió volando al compás que sus gemidos marcaban. Puño tras puño, un diente se le caía, y sólo cuando su inconsciencia era liminal, la pelinegra dejó de violentarlo, esposándolo para más tarde llevarlo a la policía de Kirigakure. Cuando el hombre se despertó y vio hacia donde se dirigían, preguntó: - (Hombre gordo) ¿Pe… peo q---quié eré u? – Dijo, de forma inentendible pues su lengua y sus dientes no podían rozarse en su boca, a consecuencia de la falta de los primeros. Naoto, con seriedad, respondió: - ¿Quién soy? Yo soy Batman. – Rio un rato y se corrigió. – Es una broma, mi nombre es Cassandra Isis Nguyen. – Y le dio un golpe de despedida, rompiéndole la última de sus muelas.

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