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 ¡Piratas!

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MensajeTema: ¡Piratas!   ¡Piratas! EmptyDom Mar 15, 2015 3:57 pm

Primera parte...
_________________
Esto sí que es interesante.- Por primera vez, Fenris sí que estaba emocionado por la misión que en aquellos momentos le era otorgada. Habría movimiento. Habría acción. Habría peligro. Escuchaba vagamente los detalles de la misma mientras sus ojos se desplazaban a una velocidad inhumana sobre el papel que yacía en sus manos en aquellos instantes. No le interesaban en demasía los consejos que el grupo de ancianos le impartía, y quería saber más sobre los detalles de la misión en sí misma. Era interesante el hecho de que no la realizaría en la aldea como tal, sino que tendría que salir de ella. Sin embargo si tenía que hacerla en territorio de Kiri, por lo que no habría conflictos con otras aldeas. Pero la idea de tomar un barco y surcar otro rumbo le divertía. Por qué en efecto, la misión se llevaría a cabo en una de las numerosas islas repartidas por todo el territorio de Kiri, ya que si bien la aldea se asentaba en la isla más grande, eso no quería decir que no hubiera islas más pequeñas…

De momento el shinobi debía concentrarse en llegar al puerto y tomar la embarcación que lo conduciría a la isla objetivo. Una vez allí debía rastrear y destruir un campamento de piratas, piratas que habían tomado dicho campamento como la base de sus operaciones, desde la que podían moverse para cometer todos sus delitos y volver una vez estos fueran culminados. Un lugar que pudieran defender en caso de ataque, pero difícilmente accesible para reducir esta posibilidad. Un lugar así no podía dejarse en manos de tales personas, ya que lo aprovecharían al máximo para sus acciones criminales. Por eso Fenris no dudo en embarcarse a la aventura, a pesar del creciente peligro que suponía la misión. Más eso no era para él tan importante. Iría a realizar su trabajo. Eso era todo lo que importaba. Cumplir con la misión era el objetivo en aquellos momentos. El peligro no estaba exento en la vida de un ninja, ni siquiera para él, quedaba sus primeros pasos, por así decirlo, en aquel mundo…

Atlas. Así se llamaba la embarcación de cuya tripulación, para aquel momento, Fenris ya formaba parte. Era un grupo de civiles armados, entrenados en el uso de sables principalmente y mentalizados para combatir contra los piratas. El capitán de la embarcación era un hombre algo entrado en edad, pero de un físico imponente que hacia repensarse a cualquiera el combatir contra él. Su arma tenía dos veces más de grosor que las de los demás tripulantes y la manejaba como si de una pluma se tratase. Su voz era ruda, áspera y cortante, llamaba la atención de cualquiera que la escuchase e intimidaba solo con oírla. Sus ojos, de un café muy oscuro, parecían penetrar a través de la piel y examinar el cerebro directamente, por lo que incluso mentirle daba miedo. Su mirada era fría, inexpresiva e indoblegable. Su altura sobrepasaba con creces la media, siendo muy superior incluso a Fenris, quien parecía un niño a su lado. Sus largos y fornidos brazos desnudos, que parecían troncos, estaban plagados de cicatriz, fruto de mil y un combates. Su pelo; largo, negro y desordenado le daban una apariencia salvaje y su grueso bigote, del mismo color de su pelo, parecía que tenía vida propia al moverse al compás de las palabras de aquel hombre. Con todo aquello, parecía más un pirata que un hombre del gobierno de Kiri.

¡Bienvenidos a bordo marineros de agua dulce!- Su voz tronó como un rayo y el propio barco pareció estremecerse del miedo. El ruido que había, al cargar los materiales, provisiones y demás, cesó de inmediato, como si nunca hubiese existido tal ajetreo.- ¡Elevad vuestras plegarias al cielo porque no todos volveréis salvos a vuestro cálido hogar!- Proclamó, arrastrando aquel adjetivo casi como una burla.- ¡Preparaos para zarpar!- Dijo por fin, y dio media vuelta para entablar conversación con otro hombre que nunca se despegaba de él. La tripulación, tras escuchar al capitán, pareció entrar en frenesí, pues terminaron de cargar lo que estaban cargando a una velocidad inhumana, y habilitaron el barco para el viaje en apenas minutos. Trabajaban todos como uno, con aquellos uniformes, todos combinados, a Fenris le daban arcadas. Sin embargo, ayudándose como una colonia de hormigas, lograron estar listos en un tiempo record.- ¡Levad el ancla, soltad amarres, desplegad las velas!- El capitán volvió a rugir por sobre la multitud, y la tripulación empezó a moverse de aquí para allá en un caos ordenado, todo en post de cumplir con las ordenes de aquel sujeto. Pronto el barco empezó a ser mecido por las olas del mar, guiado por el suave viento. La misión ya había iniciado…

Esto es un asco…- Un abatido Fenris reposaba en la popa del barco, dejando su espalda apoyada sobre la dura madera, de cuclillas y dejando sus iniciales grabadas en la cubierta con ayuda de su katana. Ya había perdido la cuenta sobre el tiempo que había pasado en aquella embarcación. Al principio todo era maravilloso, exceptuando cuando tenía que ayudar a la tripulación a mover barriles, cargar con provisiones o subiendo al mástil para fungir como vigía. Los marineros contaban historias increíbles, casi sobrenaturales, sobre sus experiencias en alta mar. Incluso era divertirlos danzar y cantar para quitarse el aburrimiento. Sin embargo Fenris pensaba que ya lo había visto todo y ya no le quedaba nada por hacer. Sin contar que la noche anterior se había prácticamente agotado en su totalidad cuando tuvo que poner todo su ser para resistir a una tormenta. Nunca había experimentado un fenómeno como aquel, sentía como que el barco saldría volando como un simple hoja de papel en cualquier momento.- ¡Oye tú! Sube a vigilar, necesitamos estar al tanto de nuestros alrededores. -Fenris chasqueó la lengua en señal de molestia y tras suspirar fue a realizar lo que le había pedido. Escalando por el mástil no tardó en llegar un pequeño cubículo, ideal para un persona, donde solo había una especie de catalejo que tomó para otear el horizonte.- Mm… - Empezó.- Hay una especie de barco que se nos acerca por babor… ¿O era estribor?- Informó a voz en grito.- ¿Cómo es su bandera?- Escucho a modo de respuesta, por lo que se volvió a fijar usando aquel instrumento.- No tiene.- Respondió. Escucho un murmullo debajo que se acrecentaba por momentos.-Piratas…- Alcanzó a oír. ¿Eran los que estaban buscando?- ¿Ordenes?- Pidió el timonel, a quien seguramente no le molestaría dar media vuelta.- ¡Mantened el rumbo!- La atronadora voz del capitán se sobre puso, y el susodicho surgió de su camarote como una sombra…

Piratas…- Repitió el shinobi con una sonrisa. Aquella inyección de adrenalina era lo que necesitaba. Toda la pereza le fue arrancada de golpe. El cansancio lo abandonó en un suspiro. Y la emoción por el combate le fue calada en los huesos. Era tiempo de un poco de acción, ya hacía falta. Tomó su katana en ristre, realizando tres cortes al aire para calentar, y preparándose para el ataque. La embarcación pirata, de un tono tétrico, ya casi se les echaba encima. El capitán daba, allí en la cubierta, órdenes a diestro y siniestro, y la tripulación se organizaba en diferentes patrones para hacer frente a la fuerza contraria. De pronto, cuando los piratas los alcanzaron, para Fenris el tiempo pareció avanzar más lento. Ganchos con cuerdas salieron disparados de ambas naves para intentar sujetarse a la contraria, y de un momento a otros los hombres se abalanzaron sobre sus objetivos, colgándose de cuerdas o desplazándose por los ganchos. Aquí y allá alguien cortaba los ganchos y dos o tres caían al mar. En apenas un suspiro, Fenris se vio rodeado y envuelto por la batalla. Sabía que no debía atacar a los uniformados, pero no tenía piedad contra los otros, quienes parecían mendigos pero se movían como militares. Blandía su arma de un lado a otro, atacando a unos, bloqueándose de otros. Líneas de sangre empezaron a verse surcar el cielo, y aquel material no tardo en cubrir el suelo. Como una bestia en su punto de éxtasis mas alto, Fenris se movía de aquí para allá, y al hacerlo dejaba tras de sí un rio de sangre y una montaña de cuerpos. Notaba que los suyos también caían, pero los piratas lo hacían de forma más rápida y en mayor número. Ignoraba cuanto tiempo llevaba batallando, pero notaba que los encuentros se hacían cada vez menos frecuentes y el cansancio se hacía más notorio. Para cuando paró a recuperar el aliento, ya habían ganado aquella batalla. Fenris se dejó caer sobre la cubierta, extendiendo sus brazos y piernas al máximo para que la sangre circulara por todo su cuerpo, mientras atrapaba bocanas de aire. El capitán interrogaba a los piratas que había quedado con vida, pero Fenris no le prestaba mucha atención.- Al parecer estos son los que fundaron el campamento en la isla a la que nos dirigimos. Estamos muy cerca, y lo bueno es que no encontraremos mucha resistencia porque estos salieron a defenderla.- El capitán le informó de los detalles, mientras Fenris se ponía de pie y miraba al mar, señalando una pequeña embarcación que se alejaba.- Si, es el capitán pirata. Intentará reunir la pequeña fuerza que le queda en la isla. Pero lo único que hará es guiarnos hacia su escondite, donde los aplastaremos y destruiremos sus campamento de una vez por todas.- Gran parte de la misión parecía haber sido realizada. –Como dije, no estamos lejos, así que prepárate…- Solo quedaban cabos sueltos…
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MensajeTema: Re: ¡Piratas!   ¡Piratas! EmptySáb Abr 04, 2015 8:29 pm

Segunda Parte
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La distancia que se mantenía era prudente, Fenris sabía que aquel pirata tenía el conocimiento de que lo seguían, pero solo huía por su vida. La embarcación donde viajaba el shinobi se encontraba lo suficientemente cerca como para dar la intención de querer hundirlo, pero lo suficientemente cerca como para que pensara que tenía oportunidad de escapar. Quizás creía que si llegaba a tierra, sería su salvación. Sin embargo a donde se dirigía era una isla solitaria, prácticamente, únicamente habitada por sus secuaces, y sin quizás pretenderlo, aquel estúpido pirata los estaba guiando a ellos. Acabarían con aquellos criminales en su mismo terreno y dejarían el mensaje de que aquellas islas no eran lugar para piratas. Si perdían allí, que no lo harían, sería un duro golpe para la villa, quien recibiría la impresión de que el lugar no era seguro y de que los piratas podían tomar cualquier porción de terreno que les interesase. Sería un golpe directo a la moral, y había que evitarlo, aplastando la rebelión…

El celeste salió de sus pensamientos al ver como la embarcación del pirata se detenía a las costas de una pequeña bahía. Pudo ver como el hombre saltaba a la arena, dejando atrás a su pequeño transporte y corriendo como un condenado hacia la vegetación, al cual no tardó en engullirlo con notoria ansiedad.- ¡Echad el ancla!- La potente voz del capitán se sobre puso a los pensamientos del celeste, quien se irguió cual rayo al escuchar la atronadora voz.- Tomad las armas y los quiero reunidos en tierra. Craig, te quiero con los tuyos defendiendo el navío. Thomas, toma a un par de hombres y ronda por aquí. Rück, que te sigan unos cuantos y rodead la maleza por la derecha. Zack, lo mismo por la izquierda. Los demás venid conmigo, atacaremos de frente. Si hay problemas, usad las bengalas y tendréis el grupo de Thomas pegado al culo para ayudaros.- El capitán no tardó en dar las órdenes que se seguirían para dar caza a los que quedaban. La distribución de las fuerzas le pareció adecuada al celeste; el grueso del ataque llegaría de frente, los costados causarían confusión en las líneas enemigas, habría un grupo rezagado por si los demás necesitaban apoyo y otro que cortaría la huida enemiga si esta llegaba a darse.- ¿Qué esperáis, una invitación? ¡Moveos!...

Una vez internados en la maleza, el avance era lento y cauteloso. Había que moverse con cuidado por si a los piratas se les había ocurrido dejar trampas por doquier. Por otro lado todo parecía ser traicionero, la selva misma jugaba en contra de aquellos marineros porque la mayoría no sabía moverse en ella. Arañas, serpientes, ratas… Los animales provocaban algunos sustos de vez en cuando aquí y allá, sin embargo, la formación no se rompía. El capitán avanzaba con una seguridad propia de alguien con aquella autoridad, y hacia por ello que los demás tuvieran fe en él, provocando que el valor emergiera en ellos, desencadenando esto en que el avance, a pesar de seguir siendo lento, era seguro. Pero no importaba, aunque los piratas supieran que ellos estaban dándole caza, no podían hacer mucho al respecto. Su número era inferior y sus armas limitadas. Estaban exhaustos y desesperados. Y la sola idea de que tenían al enemigo respirando directamente sobre sus nucas debía volverlos locos. ¿Cuándo atacaran? ¿En qué momento? ¿Desde dónde? ¿Cuántos lo harán? Repetirse esas mismas preguntas una y otra vez, pronto generaría pánico. No tardaría mucho tiempo el que alguien cometiera una estupidez…

Y así fue. A Fenris no le sorprendió el hecho de ver a un hombre emerger como un loco de una cueva mientras gritaba improperios y lanzaba amenazas al aire. Amenazas que en realidad iban para Fenris y la tripulación, aquel sujeto no sabía que ellos estaban ahí, a un palmo de él, observándolo con cautela desde la maleza, mientras él simplemente continuaba lanzado insultos y atacando al aire con un sable. Hubo varias miradas entre los marinos, alguien saco una cerbatana y un certero dardo fue a clavarse en el cuello de aquel loco. Para cuando se percató del proyectil, ya fue tarde, pues cayó rendido en un suspiro. El capitán dio órdenes, sin hablar, solo a través de señales, y mientras dos fueron a recoger el cuerpo, los demás se formaron entorno a la entrada de la caverna. Luego silencio. Se oía, de vez en cuando, el murmullo del interior. Pasos. Alguien se aproximaba a la salida, quizás algún curioso que quería saber del primero, quizás alguno preocupado por su estado. Fuese cual fuese la intención de aquel nuevo sujeto que salió, no se supo, pues otros dos marinos cayeron sobre él cuando su pierna cruzó el umbral. Fue rápido. Sin ruido. Y así como el primero, el segundo fue retirado de la entrada. Lo mismo pasó con el tercero, el cuarto, el quinto tardo algo más y los marinos supusieron que ya no iba a ser tan fácil. Se escuchó el revuelo en el interior, palabras mal sonantes, pasos apresurados, el metálico canto de las armas… Se estaban preparando para salir en tropel…

Nuevas órdenes por parte del capitán, nueva formación por parte de los marineros. Parecía que ellos tenían buena experiencia en aquel tipo de situaciones, mientras Fenris solo intentaba acoplarse a los movimientos. Un bloque se formó a siete u ocho metros de la entrada, mientras algunos marineros se quedaron a los costados. Los piratas cargaron como una ola enloquecida, saliendo sin ningún tipo de organización u orden. Y entonces todo empezó. El sonido del acero al chocar eclipsó el canto de los pájaros de la selva. Los gritos de piratas y marineros estallaron como granadas en los oídos de los allí presentes. Pero nadie se detenía, la danza había iniciado, la música seguía corriendo, y había que finalizar el evento. Al principio los piratas caían como moscas, corrían directamente contra los marinos del frente sin notar las mortales tenazas que ponían fina  su vida por los laterales. Solo los piratas del centro lograban llegar hasta el bloque, sin embargo llegaban tan confusos por perder repentinamente a los que segundos antes estaban a su alrededor, que tampoco duraban mucho en batalla. Sin embargo, los marinos notaron con horror que el flujo de piratas parecía no acabar. Tal parecía que había un error en el número exacto de piratas que habitaban aquella isla…

Sin embargo la formación permaneció intacta. Ante la abrumadora cantidad de piratas, los costados se retiraron poco a poco para apoyar el bloqueo principal. Fue entonces cuando inicio la verdadera pelea.  Las chispas que se desprendían del chocar entre sables y espadas volaban por sobre las cabezas de los combatientes. Las gotas de sudor, que de vez en vez se desprendían de los cuerpos de los hombres, pronto fueron acompañadas por gotas de sangre. Fenris no se detenía; una estocada aquí, una embestida allá, parecía estar en su elemento mientras reducía notablemente el número de piratas. Su capitán no se quedaba atrás, pues una sola sacudida de su arma acababa con tres piratas. Sin embargo no todo era color de rosa, algunos marinos también mordían el polvo, encontrando en el suelo el consuelo a su sufrimiento. Un destello rojo en lo alto del cielo, allá a la derecha, captó la atención de los combatientes, tan solo por un segundo, pues reanudaron su tarea en el acto. Aquello era la señal de que el grupo que había tomado aquella dirección había encontrado algún contra tiempo. El grueso de los marinos estaba allí, junto a Fenris, por lo que si los piratas que quedaban en la isla eran tan numerosos como aquellos, los demás grupos no tendrían grandes probabilidades de ganar. El capitán parecía entender aquello, sin embargo se encontraba luchando contra un grupo de cinco piratas. Fenris cruzó miradas con él por un segundo, y el capitán le señaló a la cueva.- Hay que cortar la raíz.- Dijo aquel hombre simplemente, y Fenris entendió el mensaje…

Moviéndose cual serpiente, esquivo a piratas y marinos por igual en su avance hacia la cueva. Por suerte, habían dejado de salir piratas, por lo que la lucha ya no iría a peor. Sin embargo, no había rastros del capitán pirata en el terreno de batalla, lo que significaba que o bien podía estar en otro de los terrenos de batalla, o bien aún estaba oculto en aquella cueva. Fenris entendía su meta en aquel momento; venciendo al capitán, la tripulación pirata no tendría por qué continuar luchando. Los que quedaran vivos serian tomados prisioneros y caerían bajo arresto, transportados hacia la villa y puestos bajo custodia. Encontró a su presa en una amplia sala de aquella caverna, realizaba extraños movimientos sobre el cuerpo de lo que parecía otro pirata, gravemente herido. Pero de pronto este paciente si levantaba, sin un rasguño, y corría de vuelta a la pelea por uno de los pasillos del lugar.- Mierda.- Espetó el celeste, entendiendo que si paraba aquello en aquel momento, todos los marinos caerían. El capitán pirata se volvió, sorprendido, y tomando un sable arremetió contra el shinobi. Fenris desvió la primera estocada, no fue difícil, y contestó con la suya propia, que encontró la misma suerte. El duelo de espadas no tardo en desatarse; ataque, bloqueo, finta, ataque, bloqueo, finta… El pirata era habilidoso, pero pronto empezó a cansarse, Fenris por otro lado estaba cada vez más ansioso. Encontró una abertura en la defensa de su rival y la aprovechó de inmediato, realizándole dos profundos cortes sobre el costado izquierdo. El pirata soltó un bufido, y se refugió tras una gran roca, una de esas que adornaban el lugar, escapando de la vista del celeste por un momento. Pero volvió a la batalla, y cuando lo hizo, los dos cortes habían desaparecido. Fenris se desanimó un tanto, ¿Habría fin para aquella pelea? Empezaba a notar el cansancio pero no sentía ningún avance. Cada corte que realiza era curado, por lo que en un segundo se vio a la defensiva. Atacaba solo cuando veía brechas, pero un segundo después, sus golpes desaparecían, entendiendo entonces que su rival curaba cada corte que él provocaba, hizo acopio de sus demás habilidades ninjas, para agotar más rápido a aquel sujeto. Si llevaba curando a muchos piratas, quizás sus reservas estarían más bajas que las del propio Fenris. Así pues lo hizo, sin embargo el pirata pareció notar su intención, y sus golpes se volvieron más feroces, intentando acabar con Fenris en el menor tiempo posible. Tal era la capacidad de destrucción que adquirió el sujeto, que demolió de un sablazo la roca con la que Fenris se cubría en aquel momento. Ya no valía defensa, si bloqueaba uno de esos ataques, Fenris estaba seguro de que su arma se rompería y su cráneo se abriría, por lo que debía mantener la distancia y encontrar el momento ideal para realizar el ataque, un buen ataque, un golpe más era lo único que necesitaba. No vio otro camino que ponerse en riesgo para lograr que su rival se confiara, por lo que fingió un error en su movimiento, dejando un gran hueco en su defensa, para que el pirata se lanzara a por él. Y lo hizo, profiriendo un terrible corte en el celeste que iba desde la parte derecha de su cintura hasta el hombro izquierdo. Pero en tan solo un segundo Fenris fue sustituido por una roca, reapareciendo tras su oponente y realizando un corte a lo largo de todo el brazo derecho del pirata. Para cuando el golpe  fue concluido, el brazo que lo recibió dejo de moverse. La sorpresa era palpable en rostro del rival, y con una extremidad menos que poder usar, la batalla se decantó totalmente a favor del celeste…

Fuera parecía todo tranquilo, los piratas habían sido reducidos gracias a que todos los grupos de los marinos dispersos se habían reunidos. El capitán tenía varias heridas, pero nada feo.- Volvamos a casa.- Ordenó, y tras cargar a los prisioneros, emprendieron el camino de regreso.
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