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 Despacho del Hokage.

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Shinobi Chronicles
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MensajeTema: Despacho del Hokage.   Lun Ene 05, 2015 10:45 pm


La edificación en la que el actual Hokage vive es un gran edificio compuesto por tres partes, la primera de ellas se encuentra ubicada del lado derecho que es donde son asistidos todos los asuntos que tengan que ver con los aldeanos ya sea alguna queja, argumento o problema de tipo económico,de salud, infraestructura, etc. El segundo edificio se encuentra localizado del lado izquierdo y es ahí donde son atendidos todos los asuntos de tipo militar. Finalmente el edificio central es donde el Hokage trabaja y reside, siendo la edificación más grande ya que es también el cuartel general de las fuerzas anbu y el centro de investigación de ADN de Konoha.

En cuanto a las defensas del lugar toda la edificación se encuentra rodeada por un gran muro de 30 metros de altura y como si fuera poco, un gran escudo invisible echo a base de chakra se extiende en forma de cúpula por todo el lugar, siendo así la única forma de poder causarle daño al lugar es por dentro. Como ultimo detalle, el despacho se encuentra ubicado justo en el centro de la aldea, sin embargo contiene una cierta distancia entre los muros de este y la aldea, siendo así ya que el edificio cuenta con explosivos para detonarlos en caso de ser necesario y que estos no afecten a las viviendas cercanas.
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Su despacho es un gran salón llenó de libreros con documentos y libros del gusto del Hokage, en su gran mayoría hablan de Clanes, habilidades de línea sucesoria y habilidades especiales que son de su interés, su gran escritorio se extiende en centrado casi al final de la sala donde se encuentra su trono y un cómodo sillón en frente de él. Hay dos puertas de cristal de cada lado las cuales dan a un gran balcón del cual se admirá el patio completo.
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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage.   Dom Nov 22, 2015 11:36 pm

El sol despunta en el horizonte, proveyendo a la aldea con una nueva mañana. La villa apenas empieza a despertar de su letargo, dando gracias a los vigías de la noche por guardar sus sueños. La Cordillera de Las Muchas Caras se alza serena, pareciese como si su intensión fuese tocar el cielo. Y allí, en lo alto, las blanquecinas nubes se mueven lentas, danzarinas. El frio viento del norte recorre las callejuelas de la aldea, llevando una agradable sensación a los que renacen con el alba. Un envidiable clima adorna el día, pues no produce ni frio ni ardentía. Ornamentadas casas construidas entre cielo y tierra, dan vida a las verdes y monótonas llanuras. La presencia humana vitaliza el paisaje arbóreo  y torna las praderas en un lugar agradable. El murmullo de la gente puebla las calles, el ajetreo diario del ir y venir de las personas hace hueco en lo cotidiano y las risas de los niños son el canto melódico que muy de vez en vez se entona en los senderos. Uno no puede evitar sonreír…

La variedad arquitectónica en la villa era digna de admirar, pero el lote se lo llevaba aquel inmenso edificio de estilo militar. Residencia del Hokage. ¿Qué más se podía esperar? Tan temprano y ya era tal el bullicio que cualquiera afirmaría que nadie dormía en aquel lugar. Sin temor a equivocarse. El lugar menos concurrido, no obstante, era la oficina misma de la Sombra. Allí solo acudían por asuntos de urgencia, por lo que el peli azul pasaba la mayor parte del tiempo solo, dando vueltas en su sillón rotatorio y observando desde lo alto la aldea bajo sus pies. Era curioso, sin embargo, contemplar tal extensión de terreno como si de un mapa se tratase. No solo por la visión que le confiaba el estar en un terreno más alto, sino por la habilidad para detectar quien entraba o dejaba sus terrenos. La villa parecía un tablero de ajedrez, y él movía las fichas…

Pero poco más podía hacer desde su palacio, que contemplar la villa a través de aquellos imponentes ventanales y cerciorarse de que todo estuviese en orden. La cristalería ocupaba toda la pared norte, lo que le confiaba una visión del exterior casi completa. Era uno de los retoques que le había hecho al lugar luego de tomar el mando. Otro cambio efectuado recaía sobre el escritorio, el actual se trataba de una plataforma con forma de media luna creciente que se elevaba metro y medio, aproximadamente, sobre el nivel del suelo. Dicho escritorio quedaba de espalda a los ventanales y de cara a la pared sur, la entrada; cuya superficie de mármol estaba decorada con el blasón de la familia; un león dorado sobre un fondo rojo. Las paredes del este y del oeste estaban recubiertas por estanterías bien abastecidas con la mejor literatura del momento, así como registros y documentos de vital importancia para la aldea. A ras del suelo, y siguiendo toda la línea de los ventanales, una pecera de no más de cincuenta centímetros de alto y mismo ancho contenía un sinfín de diminutos peces de incontables colores. El techo, cubierto de plataformas móviles que no permitían ver más allá, era el refugio de los prácticamente imperceptibles ANBU, que con el sigilo como nombre se daban a la tarea de proteger al mandamás desde las sombras. Distribuidos por el lugar: confortables sillones, atrayentes mini bares y macetas con exóticas plantas adornaban la estancia. Aun así, el desplazamiento en la habitación era holgado.

Relajado sobre su atalaya, con los dedos cruzados sobre su escritorio y con la mirada clavada en las llamativas puertas de roble… Yacía la Sombra a la espera de la primera visita del día. ¿Qué asuntos trataría en aquella ocasión? Su fiel arma reposaba a un lado, parecía sumida en un largo sueño, ya ni recordaba la última vez que habían pasado a la acción. ¿Cuándo habían cambiado los campos de batalla por asientos de algodón? Uno no puede evitar suspirar…
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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage.   Mar Nov 24, 2015 3:30 pm

"El Comienzo"
Presentación ante el Hokage

Hokage. 65 no lo seria en esta oportunidad. No era algo que el jounin deseara tanto como continuar cumpliendo con su misión de proteger a la villa, pero era algo que lo motivaba, lo motivaba a seguir adelante, a ser mejor, a volverse más fuerte. Sin esa motivación, sin embargo, 65 continúo mejorando, entrenando cada día más. Era ese tipo de persona que dedicaba gran parte de su vida al entrenamiento tanto físico como mental. Su destreza en la ejecución de sus habilidades era incalculable con cualquiera otro que tuviera aquellas mismas habilidades y en razón a su convicción de mejora continua ostentaba el cuerpo del mejor de los atletas. “El gigante blanco”, fue llamado por sus compañeros shinobis de la villa una vez se retiró de la raíz Anbu y todos pudieron conocer su nombre; esto debido a su gran altura y tonificada masa muscular. Durante su tiempo de militancia en aquella organización, su apodo era “El demonio blanco”. Apodos… eran muy común que el gigante tuviera tantos... era, sin duda, el único hombre en el mundo que posee un numero en lugar de nombre; por lo que las personas inventaban sobre nombres para no llamarlo por su número. Era una especie de... creencia absurda, suponiendo que era un insulto para él ser llamado por un numero de dos cifras. Era como llamar “negro” a una persona de color; muchos lo consideran... racista. Pero no, racista en no llamar negro a una persona creyendo que ser negro es algo malo. Llamar a 65 por su número no era algo malo, era llamarlo por su nombre. Desde luego, eso no impidió que la gente inventara apodos de acuerdo a las características del jounin que hasta hace pocos días era candidato a Hokage.

Si, había perdido la elección con un hombre del que poco sabía pero del que había oído hablar mucho; seguramente como aquel había oído hablar de 65. A pesar de no haber cruzado nunca sus caminos ni hablar entre ellos, se habían visto en un par de ocasiones cuando se hacían algunas reuniones en las que todos los shinobis de la aldea se reunían, eran los dos ninjas más famosos de la aldea. Y no lo eran por haber sido los finalistas en una elección para decidir a la siguiente sombra de la hoja, lo eran por sus habilidades y éxitos en misiones de alto calibre y cuya finalización exitosa fue de gran ayuda para la aldea. Durante la época de elección, la mitad de la aldea cantaba el nombre del gigante mientras la otra mitad, animada, cantaba “Ponce de León”. Para los habitantes de Konoha, en especial para los niños pequeños, comparar uno con el otro se había vuelto más que una costumbre, un divertido pasatiempo; comentaban las habilidades y las hazañas de cada uno como si se tratara de una discusión entre dos aficionados de la misma serie televisiva. “65 fue el único capaz de sobrevivir a una batalla contra 99 ninjas anbu y ser el ganador”, escucho alguna vez de un niño en una conversación de dos a las afueras de la academia. “¿ah, si?, Ponce de León es el único capaz de controlar dos Kekei Genkai al mismo tiempo, ¡el será el nuevo Hokage!” Al final, un par de días atrás, el consejo decidió quien sería la nueva sombra de la Hoja y ahora 65 era quien caminaba rumbo a la torre para dar su saludo y, por qué no, felicitar a quien ahora ostentaba el titulo más significativo para la villa oculta entre las hojas: Ponce de León.

Recién había amanecido y el gigante ya caminaba por las tranquilas y bellas calles de la aldea, saludando a cuanto aldeano se topara y sacudiendo los cabellos de los niños que se acercaban a él para animarlo. 65 se permitió tomar un suculento desayuno antes de visitar al nuevo Hokage. Luego, ya para cuando el reloj marcaba las 8:00 a.m., los pasos del gigante pudieron ser escuchados en los delicados pisos de madera del edificio más representativo de la aldea. “Toc, toc, toc”, fueron los golpecitos que se pudieron escuchar en la puerta de roble que daba paso a la oficina de ahora shinobi más popular de Konoha. Sin esperar respuesta y habiendo anunciado con aquel toque sutil su llegada, el gigante giro la perilla e ingreso en el salón. Lo primero que observo, claro, fue al mismísimo Hokage sentado plácidamente y observando algunos documentos sobre el escritorio frente a él. No hablo ni se movió más de lo necesario hasta luego de darse media vuelta, cerrar de nuevo la puerta y girarse nuevamente para dar varios pasos lentos hasta posicionarse a poco más de un metro del escritorio del ahora líder de la villa. En su corto recorrido hasta allí giro su cabeza de izquierda a derecha admirando la magnificencia de aquel lugar. Cómodas sillas, grandes bibliotecas, un par de cuadros en la pared y todo completamente pulcro, fino y reluciente. Un par de títulos llamaron su atención. Desde luego aquella biblioteca era una de las mejores en la villa. Y todo ello fue mientras daba los cinco pasos que le fueron necesarios para llegar hasta su posición actual. Sus azules ojos se posaron ahora en Ponce de León, y luego de unos segundos de silencio se dibujó una corta sonrisa en los labios del gigante. - ¿Y bien, que tan difícil es llevar el pesado peso de la aldea ninja más gloriosa de la historia? – Hizo que se escuchara por primera vez el grueso de su voz, opacada por un ronquido singular, como si sus cuerdas bocales no estuvieran del todo bien. Aun así, fue fuerte y clara. A pesar de no haber cruzado palabra alguna en oportunidades anteriores, 65 hablo como si se dirigiera a un viejo conocido, un amigo de toda la vida. Sin duda y pese a lo ya dicho, sabían muy bien uno del otro. Sin embargo se dirigía ahora al líder de la villa, al kage de la hoja… a su jefe. No hubo reverencia, no hubo presentación... hasta ahora, hacía falta el respeto.

- Supongo que debe ser placentero. – Dijo de nuevo. Fueron palabras sinceras; en 65 no había ningún rastro de enojo o ambición, nisiquiera celos por haber sino el hombre que tenía en frente el merecedor del título y no él, como era su anterior motivación. Esperaba que el Hokage así pudiera entenderlo. Seguidamente y tras la respuesta de aquel, 65 inclinó su cabeza y dejo descansar su cuerpo sobre su rodilla derecha la cual ahora tocaba el suelo. – Sera un honor servir a tan grande Shinobi y a la villa a la que amo. – Con aquello, saludo y felicito a la nueva sombra de la aldea. Para el, estaba seguro, sobraban presentaciones. – Estoy a sus órdenes, Hokage-sama. -

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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage.   Miér Nov 25, 2015 1:01 am

Y con estratégico tiempo, los brotes poco a poco dejaban ver su rostro al mundo, para tomar la primera bocanada de luz de aquella nueva mañana. Se asomaban sin timidez y con confianza. Los retoños florecerían a su debido tiempo, tornando las plantas de hoy, en los arboles del mañana. Y, sin demora, toda la tierra, tarde o temprano, quedaría cobijada bajo las sombras de las Hojas.

Claro que aquel brote era un tanto especial, nada que ver con aquellos que germinaban de forma común en el resto de la aldea. Él se trataba de una singularidad emergente desde las mismas raíces de aquel árbol gigantesco que conformaba la Hoja. ¿Llegaría a la cúspide? ¿Alcanzaría la copa? No había duda de que, llegado el momento, aquel seria alguien a tener en cuenta. No por nada había sido el finalista que hubo disputado el título de Kage contra Ponce. Aunque este último fue quien salió vencedor, no se podía decir que había sido una victoria holgada. Y no es que se hubiese enzarzado en una batalla épica de esas que, según cuentan, transcurren durante días y noches. No. Era solo cuestión de reputación; aquel que había servido de mejor forma a la aldea. Tampoco es que fueran débiles, sino que la principal basa para escoger al electo fue la disposición de cada uno para con su aldea. Así pues, tanto Ponce como aquel hombre eran los máximos exponentes en cuanto a dedicación por y para la villa se refería. Una posible desventaja para aquel individuo quizás fueron sus orígenes; tantos años trabajando en las sombras de la Hoja tal vez le jugaron en contra…

Pero incluso todo eso, en aquel momento, carecía de importancia. El susodicho cruzó el umbral de la puerta, entrando decidido a la estancia. Pasos firmes, uno detrás del otro y sin dudar daban a conocer a un hombre confiado. Fornido, erguido, imponente. Características fisonómicas del joven que, fácilmente, podía intimidar a cualquier en un primer vistazo. Era obvio que un combate mano a mano seria dificultoso contra aquel; sobre todo para Ponce, quien languidecía en comparación física. Rostro impávido, mirada serena. Aspectos que lo volvían, en una primera impresión, en una persona difícil de leer, refiriéndose esto; a una persona cuyas intenciones no son tan discernibles y cuyos pensamientos estaban lejos de intuirse. El eco de sus pasos engulló con presteza cualquier otro sonido que, segundos antes, se hubiese estado produciendo en la habitación, y una vez cesó su andar, el silencio estableció su reino.

Apenas fue un segundo, pero la tensión se hizo presente, fuese cual fuese su motivo, pudo notarse. Pero raudo, aquel individuo procedió a mostrar una afable sonrisa, y aquel simple acto desvaneció toda pesadez en el ambiente. Y entonces el lobo despegó sus fauces… Y habló. El tono de aquellas palabras no eran de sorprender proviniendo de un hombre de tal envergadura, y Ponce no sería la excepción. Aún así, era momento de corresponder.- Mientras pueda contribuir a que dicha gloria se perpetúe… Soportare gustoso cualquier carga.- Sentenció, dejando de manifiesto que lo que importaba realmente, era la villa misma. Y con ello el hielo pareció romperse, por lo que fue el turno de León para mostrar una sonrisa de afirmación. El peli negro procedió a mostrar sus respetos de una forma a la que Ponce estaba adaptado pero que no compartía. Igual evitó comentar al respecto por temor a ofender al contrario. Empero, lo apremiante era saber cómo dirigirse a él. ¿Un número? No le agradaba al peli azul, quizás aquel hombre estuviera acostumbrado, pero para Ponce era como nombrar una cosa entre muchas.-Me llena de dicha saber que compartimos el mismo lazo para con la aldea.- Expresó. Muchos sentían “afecto” por la villa, pero no al mismo nivel de compromiso de aquellos dos. Tras aquello, el peli azul se recostó sobre su asiento mientras clavaba la mirada en el techo.- Órdenes…- Repitió.- Mis órdenes derivan de mis deseos. Y es mi único deseo el que la Hoja prevalezca.- Dijo, imponiendo énfasis en aquella última palabra, para después pasar a clavar su mirada nuevamente en el sujeto.- En todo el sentido de la palabra…
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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage.   Jue Nov 26, 2015 7:17 pm

¿Que día era?, andaba algo desorientado, hacia relativamente poco que había conseguido ascender a Jonnin, grupo dentro de la jerarquía de la aldea, no había sido “moco de pavo” y me había costado sudor lágrimas y sangre, pero finalmente estaba allí, no solo era por aquello que me encontraba algo desorientado sino porque también y para más inri me quede los días anteriores en el taller trabajando sobre un nuevo proyecto, si es que podía llamarse así, ahora tenía otras metas y debía ir al despacho del Hokage, quizás podría hacer algún tipo de encargo especial o alguna tarea más específica que las que había cumplido con anterioridad.

Camine largo y tendido hasta encontrarme enfrente de los colosales edificios que daban lugar a la zona más importante o al menos una de las zonas más importantes de la villa, edificios grandes y blancos se encontraban frente a mí, casi inmaculados podía notar el suave calor de los rayos del sol tocar mi cuerpo y una ligera brisa mecer mi cabello mientras que mi boca, algo entreabierta debido a la sorpresa observaba todo el sitio, “increíble, debe ser de las partes más bellas de toda la Aldea..” ,pensé para mí mismo atravesando la puerta principal del lugar, con cuidado y cauteloso, relajado y esperando ubicarme, no había tenido la ocasión de entrar en esta construcción con anterioridad así que no sabría decir por donde se iría hacia el despacho del líder de la aldea.

Girando despacio sobre mí mismo, mire el interior del recinto buscando algún punto de referencia hasta que una mujer detrás de un mostrador produjo una especie de chispa en mi cerebro, había tenido una idea, mirándola me acerque a donde me encontraba, tenías que tener cierto cuidado caminando por aquel lugar, la gente parecía estar trabajando y realizando sus labores yendo de un lado para otro con documentos y con prisa.

Disculpe, ¿sería tan amable de indicarme por donde he de ir para encontrar el despacho del Hokage?

Era una mujer joven, pelo rubio de larga melena, ojos marrones bien grandes, clavando estos en mí se le dibujaron unos pequeños coloretes en sus pómulos, parecía sorprendida de que un chico joven fuera tan educado, esta coloco su mano en la boca tosiendo levemente para luego mirar una hoja sobre su mesa, luego devolvió la mirada hacia mí y dijo con la voz clara y con suavidad.

Dejándome toco claro hice una pequeña reverencia como agradecimiento por sus palabras, no parecía tener perdida así que, siguiendo cada una de sus indicaciones a "pies juntillas" llegue hacia la zona que parecía darme paso a lo que esperaba que fuera el despacho de Hokage, ahora si estaba algo más agitado y nervioso, podía escuchar a la perfección el latir de mi corazón, respire hondo y toque con los nudillos de mi mano derecha la puerta,3 únicas veces esperando que estas fueran suficientes para hacer saber que estaba allí, esperando hasta que se me diera paso.

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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage.   Mar Dic 01, 2015 11:13 am

—HIIII~ —resonó en la amplía habitación hasta formarse eco. El tono de voz fue infantil, y tal vez para algunos... molesto.

En una de las ventanas (que espero haya) había un ninja sentado, sonriente, fumando una pipa. Acababa de llegar pero como le gusta espiar a la gente, sabía que un nuevo shinobi se presentaba hacia el hokage. Sus ojos eran blancos y como permanecían fijo, parecían amenazantes.

—No deberían encontrarse a solas, la gente empezará a hablar... —dijo para romper el silencio. Exhaló una gran nube de humo contaminando el limpio ambiente del despacho, estaba en una ventana.

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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage.   Mar Dic 01, 2015 5:46 pm

No fue de mis mejores misiones, aquellas que, casi siempre, termino a satisfacción, en tiempo record y con un margen de error del cero por ciento. Fue desastroso, desde luego, acabar una misión de asesinato prometida en 24 horas acabarla en 42. Un día, dos noches… un cadáver. Desde luego, no se contaba con que el objetivo fuera parte del feudo del agua, por lo que un cadáver se convirtió en cientos de ellos luego de que el ejército del susodicho se diera cuenta de que la muerte de su líder no había sido un accidente; lo que fue antes de que pudiera escapar. Como la líder del escuadrón de asesinato de la organización Anbu de la hoja, mi deber es llevar a cabo los asesinatos más difíciles, y solo cuando realmente son difíciles debo llevarlos a cabo totalmente sola, como en esta ocasión; misión que consistía en asesinar a un miembro muy importante del feudo del país del agua y hacerlo parecer como un accidente; mi especialidad. Sin embargo, como dije, no fue mi mejor misión. Justo después de ejecutar al susodicho y hacer que pareciera un ataque cardiaco, un error en mi salida hizo que se percataran de mi presencia y arremetieran contra mí luego de saber lo que había hecho. Un ejército de alrededor de 200 soldados tuvo que ser ejecutado. Por lo que, aquello significaba un fracaso total, además del esfuerzo adicional que tuve que realizar. De lo único que me puse asegurar fue de no dejar rastros; de forma que no pudieran notar quien ataco aquel castillo fue un ninja de la hoja. Aquello, hubiera sido peor.

Desde luego, al ser la líder del escuadrón había recibido la orden directa del Hokage y ahora tenía que dar la cara… informar sobre el fracaso de la misión. No temía por lo que pudiera decir ni tampoco por lo que pudiera hacerme o los daños que este fracaso pudiera causar en mi historial ninja… estaban añojada por haber fracasado, enojada por cometer un error. Desde luego, la misión había venido del Hokage anterior y ahora debía rendir cuenta al nuevo Hokage. Mal inicio para el escuadrón Anbu a servicio del nuevo Hokage. Un Shinobi que toda la villa oculta entre las hojas conocía, se había convertido en popular por ser el único ninja activo de la aldea por realizar un sin número de misiones con gran éxito para la aldea. Un digno merecedor del título que ahora ostentaba con orgullo. A primera hora de aquella mañana debía reportar lo sucedido, por lo que tan pronto como estuve lista me dirigí hacia el palacio del Hokage (en realidad, era un palacio... un lujoso palacio), y como era de costumbre por los ninjas Anbu el primer lugar al que llegue fue el techo de la oficina principal en donde para esta hora ya habría llegado el nuevo líder de la villa.

La primera impresión es la que cuenta”, solía decir una anciana cuyo nombre no recuerdo y del que tampoco quiero acordarme. Resulta extraño como los recuerdos de las personas perduran por sus palabras y no por sus actos. Y así, cobijada bajo la idea de que la primera impresión era de tal importancia y ante la mala noticia que debía reportar, quise ponerme mi mascara antes de ingresar al despacho, una máscara totalmente blanca salvo por una sonrisa dibujada a mano con un marcador negro y los agujeros para los ojos. Todo lo demás era de uso habitual: el uniforme militar de color blanco compuesto de una única pieza que cubría de mis hombros hasta varios centímetros arriba de mis rodillas, mangas de color negro y botas blancas extremadamente largas, tanto que prácticamente alcanzaban el vestido adornado por un cinturón en cuyo centro se encontraba el símbolo de Konoha; una vieja costumbre de un grupo Anbu de la raíz al que alguna vez pertenecí. Mi cabello azul, tan largo que llegaba hasta la parte opuesta a mis rodillas se encontraba suelto y danzante con la brisa de aquella mañana. Además de aquel atuendo y la máscara Anbu, un sombrero de color blanco con bordes negros adornada mi cabeza. (imagen)

En un parpadeo desaparecí del tejado para aparecer en el interior de la oficina, justo frente al escritorio del Hokage y con la posición habitual que realizan los ninjas Anbu al aparecer de aquella forma en el recinto. Los pies totalmente inclinados de forma que la rodilla izquierda descansara en el suelo mientras la derecha dejaba descansar la mano diestra y los nudillos de la mano izquierda toban el frio suelo. A pesar de haberlo notado antes, supe al ingresar que había más personas en la habitación. Una de ellas en la ventana más grande del salón, precisamente por la que hice mi entrada. Aun así, ni siquiera aquel que reposaba en el borde pudo sentir alguna ventisca para cuando me hice presente. La otra persona estaba por ingresar… el último, algunos metros a mi derecha. – Buen día, Hokage-Sama. – pronuncie, con mi voz distorsionada por el uso de la máscara. De repente, y como si se tratara de un chorro de agua fría en una noche congelada, mi respiración se agito con desdén. Pronunciaría otras palabras, claro, explicando el porqué de mi intromisión de aquella forma (se trataba de un tema urgente), pero, y aun sin levantar la cabeza para contemplar al Hokage, a quien nunca había visto directamente, mi cabeza se levantó lentamente… pero hacia mi lado derecho. ¿Quién era el?, que había provocado aquella reacción… ¿Quién era el que, sin haberlo visto, había paralizado mi cuerpo?, prácticamente empece a temblar, desde luego, disimuladamente. Hasta que mi vista estuvo lo suficientemente arriba para verlo compeltamente... Sesenta y cinco.

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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage.   Mar Dic 01, 2015 8:48 pm

VORZEIGGEN

El sonido de los pasos se extendía por la mayor parte del complejo y al parecer ni un alma caminaba en los pasillos o al menos eso era lo que podía observar, corredores tan extensos que daban una sensación de miedo incluso para el "peliblanco" y luces que continuamente se encendían y apagaban por bajones de electricidad que los experimentos de los investigadores causaban, pero era algo que él no sabía. Y bueno, ¿quién es "Él", quién es el "Peliblanco"? inquietantes que solo podrían ser respondidas por el paso del tiempo, de ropajes elegantes y una tez tan clara como si hubiese sido bañado por la luna pero siempre con una sonrisa en su rostro intentando ocultar sus verdaderos sentimientos mientras se guiaba por un mapa claramente mal entendido.

- Señor, no puede estar por aquí, es una zona peligrosa - Exclamo un joven, mucho más joven que él sugiriendo que se retirase, alarmandose en seguida por el rostro del sujeto con sonrisa permanente, definitivamente el sabía algo que el peliblanco desconocía, pero en fin eso no le importó despues de todo era un científico de la aldea sencillamente pero no le basto para interrogarlo en el acto acerca de la localización del despacho del nuevo Hokage, Ponce de León, fue lo único que necesitó para que el joven científico le indicara las direcciones correctas notando que no estaba muy lejos del complejo habitual de este si no al contrario se dirigía en la dirección equivocada, el peliblanco asintió con la cabeza en señal de gratitud y se marchó rápidamente pero sin prisa de los laboratorios de investigación lugar donde para muchos es de donde provenía. Se encontraba ansioso de conocer al susodicho Hokage, el majestuoso líder de la aldea de la hoja, todopoderoso señor del país del fuego, junto al Feudal de éste mismo claro está.

Al fin y al cabo terminó yendo hasta la entrada de todo el complejo observando una enorme obra arquitectónica la verdad a sus espaldas el maldito científico con el que se topó fue un bueno para nada la verdad, excepto para la ciencia, pero no era el momento de elogiarlo sino de contemplar sus defectos, el joven peliblanco se retorcía en toda la entrada como si de un niño se tratase mientras la gente a sus alrededores que venían o salían del complejo lo observaban, su estómago resonó, se escuchó en medio de la escalinata y en medio de la multitud, definitivamente ya se sentía bastante avergonzado decidió ir hacia un puesto de ramen para satisfacer sus ansías además de que estaba aún a tiempo para llegar temprano al despacho, una brisa recorrió su cuerpo, algo no se sentía bien incluso llego a pensar que atacaban la aldea, ¿pero quienes en su santo juicio podrían hacer?, no era ninguna potencia, pero como nadie estaría tan loco de hacerlo no le preocupo. Dos platos vacíos yacían al costado del hombre mientras unos más venían en camino y al parecer su apetito no tendría fin, ¿sería posible que en su estómago estuviera criando serpientes? quién sabe, al final pago su cuenta y llevo varios envases de ramen para no llegar con las manos vacías o si el Hokage quisiera subir unos cuantos kilos más.

Instantáneamente recordó que se había perdido antes al intentar encontrar el despacho por lo que antes de entrar al complejo preguntó a una de las "encargadas", "administradoras" o lo que fueran cómo podría llegar rápidamente a su habitación, ésta le indicó la ruta y en un pestañear de ojos yacía a unos pocos metros de la puerta del despacho del Kage percatándose de que alguien acababa de entrar. Una extraña sensación lo conmovió de nuevo, algo malo estaba a punto de suceder y personas extrañas en la habitación de Ponce, muchas cosas pasaron por su cabeza pero dio un paso firme para y que pasará lo que tendría que pasar. Se acerco hasta la habitación girando el picaporte de la puerta unos segundos después de cerrarse mientras que con su mano libre llevaba una bolsa con envases de ramen, un pepino, una banana y una zanahoria. Nunca se sabe cuales serían los gustos de una persona, o varias en éste caso.

- Saludos Hokage-sama, compañeros, mi nombre es Tobias, Tobias Volkstrümm... - esbozó aquel hombre al entrar a la habitación junto con una sonrisa en su rostro, esforzándose por causar una buena impresión.


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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage.   Miér Dic 02, 2015 1:17 am

Y ciertamente, son numerosas las hojas que componen un árbol. Y evidente era, que aquel árbol no era diferente. Brotaba el orgullo al ver el follaje exuberante, y es que si al principio fue uno, en aquel momento eran cinco. Poco a poco los miembros de la aldea convergían en aquel punto. ¿Por qué? Deber. Curiosidad. Eran los vientos que impulsaban aquellas hojas. Y allí estaban, solo tocaba deleitarse con su danza…

No bien los labios de Ponce se sellaban, a sus oídos llegaba el repiqueteo de la puerta. Alguien allí aguardaba por franquear la entrada e internarse en la habitación, formar parte de aquel intercambio con el líder de la Hoja. ¿Y por qué no? Todo buen tronco debe conocer sus ramas. Claro que la afluencia de la fronda tomó un ritmo inesperado, pues al tiempo que la puerta se abría para dar paso a un joven peli rubio, un ventanal hacía lo propio para hacer hueco en el lugar a otro individuo. La corriente desencadenada entre los extremos produjo un cambio de aires, y ello contribuyó a aflojar la tensión que en un principio podía notarse. Sin embargo no todo acabó allí, pues tras el rubio un nuevo shinobi hacia acto presencia y por sobre el chico del ventanal una kunoichi culminaba su entrada triunfal.- Vaya, sí que las hojas están revueltas hoy…- No pudo evitar comentar Ponce con una sonrisa. Sin embargo aquello era bueno, no solo porque estrecharía lazos con los miembros de la Hoja, sino que además, gracias a ellos, podría agilizar su trabajo, encargándoles por ejemplo transportar el preciado polen para que las nuevas hojas broten más allá de las fronteras…

Descuiden, pónganse cómodos…- Ordenó, mientras de un fugaz vistazo e igual movimiento manual, extraía de los cajones un documento por cada uno de los allí presentes. La variedad allí encontrara era digna de admirar. Podían conformar un solo todo, como aldea, pero cada uno era una singularidad brillante que podía aportar en gran medida al desarrollo de la villa. Ataque. Defensa. Rastreo. Apoyo. El talento estaba distribuido equitativamente. Todos los allí presentes no eran simples ninjas; conformaban la elite.- Me alegra ver jóvenes promesas aquí conglomeradas.- Expresó, cruzando sus dedos sobre el escritorio y abarcando a los susodichos con la mirada.- Se me hace claro que con ustedes al frente, la Hoja tendrá un brillante futuro. Trabajemos juntos para que así sea.- Concluyó radiante, intentando transmitir la confianza que sentía. Solo así, juntos, podrían lograr cualquier cosa.- He de aclarar que, como Hokage, es mi deber velar por cada retoño de la villa. No habrá nada que me desvié de ese cometido. Por ello depositaré mi confianza en ustedes para que me ayuden a lograrlo. Así espero, como retribución, que ustedes depositen la suya en mi guía.

Tras aquello, tomó con la zurda uno de los documentos que con anterioridad había extraído y el cual mostraba, plasmado en él, la imagen de uno de los shinobis en el lugar. Al mismo tiempo, y demostrando excelsa habilidad e igual caligrafía, elaboraba con la diestra una invitación a congregación que pronto encontraría un destinatario. La tinta rasgaba el papiro a la velocidad del pensamiento y cualquiera se equivocaría al pensar que el mensaje tendría algún fallo.- Lord Matsuke.- Llamó, al tiempo que concluía la carta sellándola con la insignia oficial de la Hoja.- ¿Sería tan amable de hacer llegar esta misiva al mandatario de las tierras rocosas? Los detalles de la misión están aparte, pero básicamente serías un representante de la Hoja en esas lejanas tierras; un embajador.- Concluyó, desprendiéndose con suavidad de los documentos para que estos, como hojas que lleva el viento, acudiesen al mencionado. Aquel era un trabajo, según el expediente del rubio, que le venía como anillo al niño.- Espero que el viaje sea ameno.- Puntualizó, deseando suerte al joven en su travesía.

Reduciendo el afluente de efectivos, Ponce dirigió su atención a los restantes.- ¿Y qué dirían exactamente? “¿Otra reunión del Hokage con sus chicos?”- Preguntó al pelinegro del ventanal  en tono burlón, en respuesta a su comentario anterior.- Oh Lady Shizuma. Me consta la misión extraterritorial que llevaba a cabo. El que estés aquí es un indicio del éxito que has tenido.  ¿Intuyo entonces que vienes a reportar?- Inquirió, esta vez hacia la Kunoichi que había ingresado al lugar por uno de los ventanales y que en aquel momento se encontraba postrada en el suelo. Las costumbres ANBU eran fácilmente distinguibles. Por una extraña razón, la tensión en aquella zona en específico empezaba a emanar… Sin embargó Ponce ignoró aquel curioso dato y reparó en los alimentos que aquel shinobi, de tez clara y sonrisa permanente, traía consigo.- Lord Volkstrümm, espero no interrumpamos su hora del desayuno.- Le dijo, devolviéndole aquella inquietante sonrisa.

Pero al contrario que en Tobías, la sonrisa de Ponce fue tan efímera como una flama en el fondo del océano. La confianza que quería trasmitir se desvaneció de inmediato, y la seriedad y la frialdad opacaron tanto su rostro como su mirada, respectivamente. Alguien tan unido a su aldea, como lo era Ponce, podía saber cuándo esta se estremecía inquieta. Y el Hokage notó la perturbación como la onda que se forma en la tranquila superficie de un lago. Un suspiro molesto escapó de sus labios, al tiempo que su mirada ascendía hasta las plataformas del techo.- Informe.- Pidió, y en el acto un ANBU, vestido con la noche misma, descendió a la velocidad del pensamiento adquiriendo, una vez en el suelo, la misma posición que su momento adoptó Shizuma.- Intruso en el sector B-1. Actualmente reina la confusión y las pérdidas materiales incrementan.- El relato encajaba. Ponce había percibido la violenta entrada, tanto aérea como terrestre, de dos criaturas no identificadas y que al parecer amenazaban la estabilidad de la aldea. Era el momento de actuar.- Despejen el perímetro. Inhabiliten movimientos de entrada o salida. Usad los conductos subterráneos que convergen bajo este edificio para evacuar a los habitantes de los sectores B-1, B-2 y B-3.- Ordenó, y aquel ANBU desapareció tal como había aparecido; en un suspiro. Asegurar la vida de los aldeanos era primordial, pero una vez suplido ese punto, había que lidiar con el problema; el intruso.- Lord Volkstrümm, me temo que su ingesta tendrá que esperar.- Intentó que sonara gracioso, pero no fue el caso.- Lord Volkstrümm, Lord Galahad.- Llamó, refriéndose este último al peli negro de la ventana, para darles la información necesaria e indicarles su accionar. - Conformad momentáneamente un equipo de “Lectura y Contención” y salid al encuentro del intruso. Desvíen la atención del individuo hacia una zona deshabitada, evalúenlo y reporten sus resultados en cuanto les sea posible.

No llevaba una semana en el puesto y ya se enfrentaba a un ataque enemigo. Que cosas. Pero en el fondo, un poco de movimiento no le hacía mal al cuerpo. Ayudaba a que los huesos no se oxidasen.- En cuanto a ustedes…- Continuo cuando la habitación se hubo descongestionado y refiriéndose a los únicos que quedaban en la estancia; Shizuma y 65.- Como asesinos de elite que son, prepárense por si esta amenaza requiere de su minuciosa intervención…
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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage.   Miér Dic 09, 2015 5:56 pm

Misiones inesperadas
Ataque a la villa oculta entre las hojas

Y allí se quedó él, inclinado, reverenciando al líder militar de su aldea luego de ponerse a su disposición. Ya había quedado claro, no existían resentimientos, no había malentendidos. La grandeza de ambos seria la que guiaría finalmente a la villa oculta entre las hojas en la mejor villa ninja. La devoción de 65 pudo ser claramente palpable para Ponce de León, quien ahora tenía la palabra. La carga de la que había hablado el gigante había sido aceptada gustosamente por el Hokage quien así lo había manifestado. Luego, casi instantáneamente, aquella rivalidad que había existido entre ambos días a tras ante la incertidumbre de saber quién sería merecedor del título que ahora ostentaba Ponce, se esfumo cual leve humo de cigarrillo en una fría tarde de diciembre. Bien lo dijo aquel, compartían el mismo lazo para con la aldea. Finalmente, y luego de que 65 manifestara estar en espera de órdenes, el Hokage cerró aquel lazo que ahora se había formado entre ambos shinobis informando que sus órdenes equivalían a sus deseos, y su único deseo era preservar Konoha. Aquello, fue música para los oídos del gigante de cabello negro, quien ante aquellas palabras se ergio de nuevo frente a su líder. Sin embargo, aquellos deseos, aquellas órdenes… pronto serian motivadas.

Posteriormente, uno tras otros, como si hubiera mediado acuerdo entre ellos, fueron apareciendo shinobis de la aldea para presentarse ante el Hokage, y como lo había hecho 65, obtener misión o bien, informar de alguna. El primero de ellos toco la puerta y espero respuesta; y antes de que se le diera paso uno más se hizo visible en la ventana. Sin haber recibido órdenes de retirar e intuyendo que la conversación entre él y el Hokage no había terminado, 65 mantuvo su postura mientras que el líder de la villa regalaba un par de palabras a los dos ninjas presentes. Matsuke, quien el gigante supuso era aquel educado que toco y espero obtener paso, sería enviado a Iwagakure, aquella villa más allá de las montañas rocosas. 65 continuaba limitándose a observar y escuchar. Ahora, y sin que aquel que ahora sería mensajero saliera del despacho, se hizo presente una kunoichi de largos cabellos azules y mascara en el rostro, lo que la identificaba como miembro del escuadrón anbu de la aldea. El pasado de 65 se removió en sus recuerdos, había pertenecido a aquel selecto grupo de shinobis tiempo atrás, solo que él había formado parte de la raíz. Sus memorias, dieron a saber cosas importantes: Aquella mascara daba a entender la alta posición que la joven ostentaba en el gremio, seguramente líder de escuadrón, y pertenecía a la guardia anbu y no a la raíz; por lo que descarto la posibilidad de conocerla. Sin embargo, había algo en ella que llamo la atención del gigante, en especial luego de observar aquella mirada que le regalo. ¿Se había asustado al ver a 65?

Según las palabras del Hokage, pronunciadas inmediatamente aquella se hizo presente, dieron más información al jounin sobre la mujer, había venido a reportar su desenvolvimiento en una misión extraterritorial, que por aquella entrada repentina, debería ser importante. La mujer guardo silencio por algunos segundos, pese a ver recibido una pregunta del Hokage. ¿Enserio estaba temblando?. No alcanzo a responder para cuando uno más se hizo presente, ¡ya era el cuarto!, que según dijo respondía al nombre de Tobías; Otro jounin de la villa, 65 lo reconocía bien. El aburrimiento y la incomodidad de 65 durante aquel “desfile” de presentaciones, cambio de repente y se transformó en desconcierto. Sus cejas se arrugaron y para cuando volteo a ver al Hokage noto que aquel también lo había sentido. Sus sentidos, seguramente más agudos que los del gigante, dieron posibilidad para que diera la entrada a otro Anbu, esta vez de la guardia central, alarmado y agitado por el largo recorrido hasta el despacho. Intruso, confusión y pérdidas materiales, fue lo único que 65 pudo escuchar. Las órdenes de Ponce de León no se hicieron esperar.

El arte de administrar es casi siempre subestimado. Segundos después de enterarse de la situación el nuevo Hokage ya tenía pensado lo que cada uno de los presentes debía hacer. El primero en recibir órdenes fue el último en llegar, aquel anbu que había informado la situación. Despejar el perímetro, inhabilitar movimientos de entrada y salida, entre otros, fueron las tareas que ahora debía comunicar. Volkstrümm y Galahad conformarían un equipo de lectura y contención. Recibieron órdenes y ejecutaron de inmediato. Los únicos dos restantes, la mujer anbu y 65, debían prepararse para una posible “minuciosa” intervención. Se trataba entonces, de una misión inesperada. - La intervención, Hokage-sama, no será para nada minuciosa. – Menciono el gigante, haciendo resonar de nuevo el eco de su gruesa voz en el despacho. Parafraseo aquello sin desprender la vista del ventanal tras el Hokage, de donde se podía divisar, a lo lejos, la figura de un ave gigante merodeando las calles más alejadas de la villa, precisamente en el área B1. – Ello no quiere decir que sea ineficaz. – Sonrió, - Nos encargaremos. – pronuncio al final, dando un nuevo vistazo a la joven anbu de cabellos azules.

- Andando. -

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MensajeTema: Re: Despacho del Hokage.   Miér Dic 09, 2015 8:55 pm

Citación :
FLASHBACK

- ¡Mátalo!, es lo único que se interpone entre tú y yo. Quedaremos solos, como lo habíamos acordado. – fueron las palabras del Nara, quien con aquella orden pretendía sellar el pacto que entre ambos acordamos. – Hazlo, 51. – El destacado joven del Clan Kaguya y favorito a ganar ya se encontraba aprisionado, lastimado, agotado… vencido. Y yo, sosteniendo su mirada caída y el peso de su decepción, escuchaba la voz de 11 con eco en mi cabeza. “Mátalo”, me repetía a mí misma. Los tres, junto con otros noventa y siete ninjas más fuimos criados desde la infancia para este momento, entrenados en las más avanzadas artes marciales y combate ninja para este momento en particular. El objetivo de la raíz siempre fue quedarse con uno de nosotros, aquello nos fue informado desde el inicio. Nadie hizo amistad con nadie, ninguno cruzaba más palabras de las necesarias con otro compañero, siempre estuvimos aislados y dedicábamos todas las horas activas del día para entrenar. Todos sabían que, en algún momento, debíamos matarnos unos a otros. Fueron 20 años de entrenamientos, 240 meses de formación. Y todo lo que tenía que hacer, era cortar su cabeza.

¿Por qué no lo hice?, había cortado cientos de cabezas antes, mutilado una cantidad escandalosa de extremidades humanas, y aun así, en ese momento, su cuerpo parecía inalcanzable. Para cuando se nos permitió salir de nuestro encierro y realizar algunas misiones peligrosas para la aldea, las relaciones entre unos y otros se empezaron a formar. Ya no entrenábamos nuestras habilidades particulares sino que aplicábamos lo aprendido en combates reales, en equipo. A pesar de que conocíamos cual sería nuestro destino en algún momento, la interacción para salvar nuestras vidas mutuamente era obligatoria. Si uno de nosotros moría en una misión, aquello equivalía a fracasar, y eso, no era una opción. Aprendimos a conocernos, a batallar juntos, a garantizar nuestras supervivencias. Algunos, desde luego, empezaron a sobresalir. Entre ellos, los tres quienes quedamos de pie al final. 11, un joven Nara y especialista en estrategia, me sugirió en alguna oportunidad ganar la batalla. En el todos contra todos, avanzaríamos y permitiríamos que fuésemos los últimos en quedar en pie; así, seguramente, los líderes de la raíz nos permitirían sobrevivir a ambos. Y si no, lucharíamos entre nosotros. Era algo sencillo, fácil de ejecutar. Estuve de acuerdo tan pronto escuche el trato. Y lo único que se interponía entre nosotros y la victoria, eran un par de ninjas que sobresalían sobre los demás, entre ellos, 65.

Siendo aquel el más fuerte de entre todo el centenar de ninjas en entrenamiento, aproveche las misiones para acercarme a él, conocerlo, ganarme su confianza. Durante ocho años, 65 y yo fuimos los mejores amigos; los únicos amigos que habíamos tenido alguna vez. Pero el momento de cumplir con el trato llego, y el Nara demandaba que fuese cumplido. - ¡Mátalo! – dijo una vez más. Y, con su propia espada, temerosa de no conservar algún remordimiento, lo ejecute. De un solo corte, pretendí rebanar su cabeza en dos partes diferentes; pero su cabeza no se separó de su cuerpo. Pero que… sus huesos, que habían sido neutralizados, protegieron su integridad y provocaron que aquel corte que en cualquiera otro hubiera sido mortal, se convirtiera en una simple cicatriz.

Nunca espere verlo de nuevo. Pero allí estaba, mirándome nuevamente con aquella mirada suya, analizando, como si observara cosas que los demás no. Su reacción al verme no fue diferente a la de los demás en el despacho, por lo que agradecí llevar puesta aquella mascara. No me había reconocido. Tenía cientos de cosas que decir, informar sobre la misión era la única razón por la que ahora estaba allí, pero olvide todo cuando vi su rostro. Mi Cabeza se mantenía gacha hasta que el Hokage pronuncio mi apellido, dando a entender que me conocía bien, seguramente por los registros. Tan pronto como escuche mi nombre, levante la cabeza y lo contemple a él. Alto, de cabellos azules, ojos claros, atuendo de líder… el Hokage tenía una particular característica que ninguno en la sala pudo notar antes; era apuesto. Y no solo me conocía, sabia de mi propósito en su despacho; sabia de la misión. No respondí de inmediato a pesar de que se dirigió a mí con una pregunta. A decir verdad, y con la presencia de 65 en la sala, no sabía que decir. Responder a ello ya no era una opción para cuando un shinobi más se hizo presente en la habitación. Tobías era su nombre y blancos sus cabellos. Y, como si fuera poco, otro Anbu se hizo presente en escena. Lo conocía bien, era miembro del escuadrón de seguridad a servicio directo del Hokage. Respondía al nombre de “Shinzo”, aunque aquel no fuera su verdadero nombre.

Las noticias que trajo, sin embargo, llenaron de tensión el lugar. Ante sus palabras, me puse de pie y escuche atentamente. ¿Están atacando la villa?, ¿acaso alguien se atrevería a invadir Konoha?, no era una idea descabellada, aprovechando el reciente nombramiento del Hokage aquello podría ser una buena estrategia militar para debilitar una de las más grandes aldeas ninja de todo el mundo shinobi. El Hokage dio órdenes tan pronto se enteró de la situación, como si hubiese nacido para gobernar. La creación de un inesperado equipo de “lectura y contención" daría fin a la incertidumbre de quien pudiera estar atacándonos. Los responsables de detener la amenaza, por desgracia para mí, seriamos 65 y yo, los mejores asesinos de elite a servicio de la sobra del país del fuego.

Fue el gigante de cabellos negros quien hablo ahora, informando que nuestra intervención, que antes parecía solo opcional, se había convertido en obligatoria. Nombro aquellas palabras sin despegar su vista del ventanal a espaldas de Ponce de León, por lo que mi vista se dirigió allí también. Al parecer, los invasores utilizaban invocaciones voladoras para completar su cometido; un ave gigante realizaba destrozos en la zona residencial más próxima a la entrada sur de la villa. Ahora 65 parecía estar satisfecho con lo que haría ahora, pues, como sabía bien, había nacido para la batalla y en caso de perecer moriría feliz por hacerlo protegiendo su amada aldea. Me miro y ordeno, tomando el liderado del que ahora sería el improvisado equipo de “Identificación y asesinato”, que tendría como misión principal contrarrestar la amenaza. “Andando”, había sido el impulso para salir del despacho y cumplir con nuestra obligación como ninjas activos de la aldea de Konoha, proteger la villa con nuestras vidas. Una misión de rango S

Como en los viejos tiempos, no pude evitar pensar con nostalgia, mientras observaba la corpulenta espalda de 65 camino a nuestro destino.

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